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martes, 3 de mayo de 2016

El trabajo frustrado


Por: @CamiNogales 


Son pocas las personas que realmente están a gusto con su trabajo, pero tampoco pueden darse el lujo de dejarlo porque lo que necesitan para sobrevivir. Eso es lo triste del tema, la vida es una y solo nos dedicamos a sobrevivir, en lugar de vivir.

Aunque pareciera que estuviera parafraseando a Jorge Duque Linares, esta es la pura realidad. Cantantes, profesores, actores, bailarines, policías y comediantes eran algunos de nuestros sueños que abandonamos por seguir una carrera profesional ‘digna’. Sin embargo, esas frustraciones salen a relucir a cualquier hora, momento o lugar.

El éxito de los karaokes radica en la frustración de todos aquellos que soñaron con cantar y se dedicaron a un mundo opuesto. Y es allá, donde, con unos tragos en la cabeza, se les sale el Carlos Vives o la Shakira que llevan dentro y cantan con el alma como si fueran protagonistas de un concierto en el Madison Square Garden. Claro que esto también se repite en la ducha, en conciertos, en la casa, en el carro o en cualquier lugar donde el frustrado canta como si fuera la última canción de la vida.

Las ganas de pararse frente a un tablero y enseñar, mueren en el mismo momento en el que crecemos, buscamos trabajo y nos damos cuenta de esos sueldos tan miserables que ganan los profesores en Colombia. La vocación llega hasta donde el dinero lo permite y esa es la principal razón de la huida, la cual se pone solo en práctica con los niños de la familia.  

Ser actriz o actor de teatro es el sueño que se acaba en el mismo momento en que nuestros padres dicen que debemos ser alguien en la vida, lo que significa que Leonardo Di Caprio, Hillary Swank o Charlize Theron, entre otros, no son nadie.

Pues ya quisiéramos ser nadie como ellos, pero a quienes caímos ante semejante amenaza nos tocó coger otro camino y ser alguien, con mucha menos plata que los citados anteriormente. Así que nuestro talento histriónico toca aplicarlo en el trabajo, en la casa y con nuestras parejas que es con quienes desarrollamos realmente esas capacidades de gritar, llorar y reír, todo en menos de 10 minutos.

Bailar es un arte que se convirtió en profesión, camino que los reprimidos, a los que les encanta, no fueron capaces de tomar. Esos son los que llenan las clases de rumba de los gimnasios y confunden las sillas de los bares con tarimas. Mueven el esqueleto como si no hubiera un mañana y, al despertar al día siguiente, amanecen con desgarros, espasmos y demás lesiones musculares.

Que levante la mano el que no soñó con ser Policía y con portar ese uniforme, pero le faltó decisión para servirle a la comunidad. Cuando eran niños, querían agarrar a los malos y luchar por la justicia, y ahora que son adultos, los consideran sus victimarios. Ellos son el “costeño tenía que ser” de las profesiones porque siempre serán los culpables cuando detienen a alguien conduciendo ebrio, ponen orden a cualquier alteración del orden público o cogen a un ladrón.

A los que quisieron ser futbolistas y se conformaron con jugar banquitas en el barrio y juegan en canchas sintéticas, lamento informarles que ahora los más millonarios y cotizados en el mundo son los futbolistas. Ellos se contentan en su cama viendo partidos y tirándoselas de directores técnicos, criticando a los futbolistas por jugadas obvias que ellos sí podrían hacer.


Los comediantes frustrados son los que hacen chistes bobos a sus amigos, compañeros de oficina y familiares todo el día, cual estudiantes de bachillerato en pleno salón de clase. Lo que ellos no supieron es que ahora es posible formarse, hacerlo y ganarse un 'platal' por presentación como ha ocurrido con unos cuantos.


Lo cierto es que ahora los frustrados solo lo son porque así lo eligieron, pues cualquier camino que se tome siempre será rentable si hay disciplina y vocación. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Mi defensa de Kate del Castillo







Por: @CamiNogales 

Defenderé a Kate del Castillo, no como abogada porque claramente no lo soy, ni como periodista, sino como mujer, que creció, de forma paralela, viéndola en las novelas de la perubólica. También la defenderé, a pesar de los celos que me produce saber que tuvo un romance con mi amor eterno: Luis Miguel.

Pero bueno, no hablaré del pasado, sino del presente, es decir, del encuentro y de los chats de Kate con el ‘Chapo Guzmán’ que salieron a la luz pública a raíz de la captura de este narcotraficante. Pues resulta que la mala del paseo terminó siendo ella y no él. Todas las mujeres estaban indignadas al leer las conversaciones, previas al encuentro, porque denotaban cercanía de la actriz con el delincuente.

La postura más cómoda en la vida es la del indignado. Desde la sala de la casa es muy fácil criticar a los demás y referirse a cada una de las situaciones por las que nunca han pasado. A quién no le hubiera gustado tener los derechos de “Escobar, el patrón del mal”, cuyo éxito y rating de la serie habló por sí solo y de la rentabilidad de la misma, pues ni hablar.

Pues sí, para que les dé más envidia ‘El Chapo’ le  entregó a Kate el poder para ser su representante legal en cualquier proyecto biográfico, que incluye la negociación y recepción de pagos. Si a ustedes se lo entregan y adicional tienen una productora, ¿le habrían dicho que no?

La vida de esos grandes capos genera altos ingresos porque despierta sentimientos encontrados, curiosidad y pasiones, entre otros, que atrapan a los televidentes. Es un éxito garantizado. El éxito de esas producciones no llega solo, es consecuencia de quienes lo ven, pero ahora resulta que los televidentes son los buenos y los malos los que adquirieron estos derechos.

A Kate le han atribuido falta de valores, de ética, por las conversaciones tan cercanas con ‘El Chapo’ porque el man le echó los perros y, de acuerdo con las mismas, ella le correspondía. La mayor controversia comenzó con la frase que él le dijo: Te cuidaré más que a mis ojos”, a lo que Kate respondió: “Me mueve demasiado que me digas que me cuidas, jamás nadie me ha cuidado”. Ahí sí salió todo el mundo a denigrar de la pobre.

Pero puede ser verdad, teniendo en cuenta sus dos fracasos matrimoniales y que a una actriz famosa, bonita y exitosa ningún hombre se le acerca por temor…igual somos mujeres y necesitamos afecto y sentirnos queridas, así que me imagino a una de las mojigatas que no las mira ni un gato el día que llegue un man (el que sea) y les diga algo semejante…morirán de amor.

A la gente más allá de importarle el tema de si ella hizo algún negocio con el capo o no, está pendiente es de si tuvo relaciones con él. Ella también tiene sus derechos y necesidades básicas por satisfacer, si a ustedes les parece muy feo, a ella pudo no haberle parecido. No solo los bonitos tienen derecho a gustarle al prójimo. Ella no es casada, no tiene hijos, así que puede hacer lo que quiera, con quien quiera y eso no es asunto de nadie.

Se burlaron del Chapo porque se operó los genitales para mejorar su rendimiento sexual y pues yo no le veo nada de malo. Casi siempre son las mujeres las que se someten a cirugías estéticas para poder complacerlos a ellos, pues ya era hora de que un hombre hiciera lo contrario.

Yo lo que veo, detrás de tantas críticas con argumentos tan superficiales, son puras viejas envidiosas porque no han podido protagonizar La Reina del Sur, ni tienen el talento que ella tiene, la plata y mucho menos su belleza.

domingo, 31 de enero de 2016

Lo que todos quieren saber



Por: @CamiNogales 



Cuando uno pasa el cuarto piso y está soltero sin hijos, despierta sospechas en el prójimo. Todo el mundo especula sobre el por qué del estado civil y se preocupa porque no tuvimos hijos, brindando una serie de soluciones a lo que ellos llaman ‘problemas’.

La solución al primero es acudir a Internet, donde todas las mujeres que no lo lograron en la vida real, consiguen marido extranjero, se van del país y están “de lujo”. La salida al segundo tema, en caso de no resolver el primero, es salir con un man bien churro y esa misma noche hacer el hijo, del cual él no sabrá de su existencia.

La segunda opción sería la inseminación artificial y si este cuerpecito no da pa' más, pues tocaría la adopción. Cabe reiterar que todos estos consejos me los han dado sin pedirlos.

“¿Por qué no te casaste? ¿No te aburres sola? ¿Si te gustan tanto los niños, por qué no tienes hijos?” Esas son las preguntas a las que me enfrento cada vez que tengo la opción de hablar con alguien. No me molestan, pero la verdad no sé cómo responderlas. También sé que hay una que no me hacen, pero que la piensan. “¿Será que no tiene ni marido ni hijos porque es gay?”

Empiezo respondiendo la última. Amo los hombres y no tengo nada en contra de las lesbianas, pero no lo soy. No me he casado porque a mi vida no ha llegado ese gran amor con el que uno quisiera compartir lo que queda de este camino. No tengo hijos por la razón anterior y, aunque muero por los niños, me hubiera gustado tenerlos con un papá al lado, así que no acudiré a ningún mecanismo diferente para ser mamá. Lo que nos toca no es igual para todos y ser diferente no significa que sea deprimente.

¿Me aburro sola? A veces, pero eso también pasa acompañado. Que si me gustaría que alguien me lleve el desayuno a la cama, pues obvio que sí. Pero pues si no hay nada, no pienso en eso. Simplemente vivo plenamente este momento, dedicada a mi, a mi familia, a mis amigos, a lo que la vida me ofrece en el presente, que no es menor por el hecho de no tener esposo e hijos.

Es lo que tengo y lo que disfruto. Ser soltero no es sinónimo de amargura, es simplemente una forma de vida, al igual que otra, y no es mi mayor preocupación. Por lo que sí trabajo, a diario, es por encontrar paz en mi corazón, por sanar a esa niña que llevo dentro y acompañarla a crecer.

Esa es mi misión de hoy y no estar buscando, desesperadamente, con quién compartir mi vida. Ya llegará y si no, no pasa nada diferente a que seguiré viviendo intensamente cada segundo que Dios me da en la tierra.

Todos queremos amar y ser amados, pero el amor propio es el que nos permitirá encontrar un complemento y no a quien nos llene esos vacíos emocionales que solo son de nuestra competencia. El amor mueve el mundo y yo amo a cada ser humano que pasa por mi vida y que me enseña algo nuevo para crecer.

Ahora todo será más fácil para mí y a quien me pregunte, solo le enviaré el link de este post.

martes, 1 de septiembre de 2015

Mi sentido pésame





En los momentos más difíciles de la vida, cuando necesitamos consuelo y acompañamiento, solo nos encontramos con frases reencauchadas que nos provocan más ira y desconsuelo que la misma situación que enfrentamos. Empecemos por partes y creo que la peor es cuando uno pierde a un ser querido, momento en el que preferiríamos el silencio a escuchar las múltiples sandeces que dice la gente. (Ver Mi Testamento)

La primera es “lo siento mucho”. Frase totalmente ajena a la realidad porque nadie siente lo que uno en ese momento, salvo la familia. “Ahora tienes un ángel en el cielo que te cuida”, en el momento de ese dolor tan infinito en el que uno se niega a aceptar la pérdida lo último que le puede interesar es que el ser querido sea un ángel, pues lo único que añoramos es la presencia física de esa persona.

“No merecía morir”, morir no es de merecer o no, para esa gracia entonces “tampoco merecía nacer”. Ambas son condiciones naturales y “si nacemos, lógicamente, algún día tenemos que morir”.

Claro que no crean, cuando soy yo la que tiene que dar el pésame pienso “como qué digo“, seguido de “hmm…qué vaina, no…qué pesar”. Por eso, cuando visito a los dolientes opto por abrazar sin musitar palabra porque, de lo contrario, juro que la cagaría.

Por lo general, cuando la muerte es intempestiva la frase que se escucha es “Dios lo quiso así” o “uno no se muere la víspera”…lo triste es que con ellas no se encuentra consuelo, sino una especie de resistencia al oírlas.

Pero el desconsuelo para quienes sufren una tusa no se queda atrás. “Ay mija, ese hombre no le convenía, usted era mucho para él”. En ese momento a uno qué le va a importar si uno era mucho o poco, lo único que uno quisiera es estar con el susodicho, sea gordo o flaco, feo o hediondo, es lo de menos. “Dios sabe cómo hace sus cosas, eso más adelante iba a ser peor” si uno está llorando es porque, por simple lógica, estaría mejor con esa persona y no sin ella.

“Usted va a encontrar al que se merece, alguien que de verdad la valore porque usted vale mucho” y entonces si uno se encuentra a un desgraciado es porque también se lo merece, lo que significaría que no vale nada.

Para los desempleados también sobran frases de solidaridad y por qué no de consuelo. Cuando la persona se empieza a quejar de su desgracia, no falta el idiota que le dice “hay que agradecer que uno está completico”. Yo diría que ni tan completico con esa billetera pelada.

“Lo importante es que tiene salud, lo demás vendrá por añadidura”. Eso no hay rollo, con salud puede pagar pensiones de colegio de sus hijos, hacer mercado, llevar el desayuno…”Eso no se preocupe que al que le van a dar, le guardan” y ¿al qué no le van a dar? Pues no le guardan y se jode.

“No hay mal que por bien no venga” y quién me asegura que el bien va a llegar. Además lo que necesita esa persona no es un bien, es empleo que le garantice su supervivencia y la de los suyos, pero como “Dios sabe cómo hace sus cosas”, entonces dejémoslo a Él que obre por la felicidad de los alrededor de siete mil millones de habitantes del planeta Tierra, sin preguntarnos por qué sino para qué, porque lo que “es tuyo, nadie te lo quita” y "así se cierre una puerta, muchas más se abrirán".


miércoles, 29 de julio de 2015

Despistada





Por: @CamiNogales

Desde muy chiquita, en el colegio, descubrieron que, parte de mi bajo rendimiento académico, adicional a la vagancia, era consecuencia de problemas de concentración y, por esta razón, les recomendaron a mis papás llevarme a una psicóloga para trabajarme este problema que, para mi no lo era, porque si algo me gusta es echar globos.

No hay nada mejor, en medio de una conversación bien aburrida, que divagar con la mente por el mundo y resolver una infinidad de problemas, al mismo tiempo que asentimos con la cabeza.

Lo que ha sido una constante en mi vida, como consecuencia de mi despiste, es la pérdida de todo lo que lleve en la mano. He perdido sombrillas, libros, hasta apuntes de la universidad en un bus por no estar guardados en un bolso, ni amarrados a alguna parte de mi cuerpo.

También he dejado celulares y regalos en un taxi…Este último incidente no se me va a olvidar nunca. Acababa de recibir un saco divino de cumpleaños, el cual pude constatar que me lucía, después de medírmelo, pero desapareció de mis manos en el mismo momento en que me bajé del taxi. Solo espero que le haya lucido a la esposa del taxista.

Esta falta de concentración no solo me llevó a perder tres años en el colegio, sino a enfrentar una serie de circunstancias que han afectado mi vida cotidiana, algunas de ellas aparentemente normales. ¿Acaso a quién no se le ha regado la leche? o ¿quién no se ha pegado con la esquina de la gaveta en la cabeza?

Tampoco les cuento el tiempo que me he demorado escribiendo este post porque me paré a la cocina, miré el celular, entré a snapchat, periscope, twitter, instagram…en fin. Pero bueno, eso es lo de menos porque se soluciona con un poco de presión, lo que no ocurrió en un par de ocasiones.

Cuando vivía con mi novio, hacía todos mis esfuerzos para atenderlo. Una mañana madrugué a las 5:30 a.m. para prepararle el almuerzo que llevaría a la oficina. Puse a cocinar el pollo y me recosté un momento…dos horas después fue él quien me despertó. Solo recuerdo que al abrir los ojos veía muy borroso, producto del humo que había en toda la casa. No pude rescatar nada de ese pollo y menos de la olla que quedó un ‘tanto’ achicharrada. Y ni hablar del apartamento, de la ropa, las paredes, el piso…todo quedó oliendo a quemado por varios días. Desde entonces, él prefirió pocas atenciones por solo instinto de supervivencia.

Ahora vivo sola y soy la única responsable de lo que ocurra al interior de mi casa. Una mañana madrugué más de lo acostumbrado porque debía realizar un viaje de trabajo. Solo recuerdo que salí justa de tiempo y, por lo tanto, de afán. En la noche, cuando volví, sentí un ambiente de sauna algo extraño sumado al ruido del calentador del gas.

Entré a la cocina y todo estaba mojado, hasta el techo, y no entendía por qué. Pues fui al baño y ahí estaba el meollo del asunto: dejé la llave del agua caliente del lavamanos abierta durante todo el día. Además del intento de 'inundación', no ocurrió nada más. Dios es grande y gracias a esa grandeza la muchacha solo tuvo que secar loza, electrodomésticos, piso...y yo, pagar una suma algo exagerada en el recibo del agua.

No sé a cuántos cerrajeros habría tenido que llamar si mi mamá no tuviera el duplicado de las llaves de mi casa. No hay nada que pueda enfurecer más que llegar cansado del trabajo, con ganas de ponerse la pijama, y verse obligado a coger un taxi hacia donde mi mamá, recoger las llaves y devolverme. Esto me ha pasado no una, ni dos veces, sino infinidad de veces.

Otro día iba a salir y no encontraba las llaves dentro de la casa. Por algún motivo abrí la puerta y las llaves estaban pegadas afuera. Pasaron la noche allí y muy juiciosas amanecieron en ese mismo lugar.

Podría escribir todo un libro sobre situaciones similares como hacer mercado, comprar un par de camisetas, llevarme todo lo de comer, pero dejar la ropa en la caja creyendo que no es mía, aunque está recién comprada. Llegar a la oficina sin gafas para constatar que no veo absolutamente nada sin ellas y tener que devolverme para recogerlas y poder ser productiva. Dejar al fantasma en mi casa todo el día con música para que no se aburra...

Lo cierto es que todas las noches, antes de abrir el bolso me persigno y si encuentro las llaves, le agradezco a Dios. Acto seguido, me vuelvo a persignar antes de entrar en la casa, porque no sé con qué sorpresa me voy a encontrar y, si todo está bien, le vuelvo a agradecer al de arriba y a todos los seres de luz por protegerme de mi misma y de mi despiste.


lunes, 1 de junio de 2015

Facebook, el chismógrafo digital


Por: @CamiNogales 
Para: @Articuladosco


El interés morboso de conocer las intimidades de los demás es inherente al ser humano. Desde niños queremos saber todo de todos, independientemente de que eso afecte o no nuestra vida. Es por eso que, en los 80’s, cuando estábamos en primaria, con el fin de conocer las intimidades de nuestros compañeritos de colegio, nació el chismógrafo.

Este era un cuaderno que, en cada hoja, traía una pregunta como nombre, apellido, edad, comida, color y libros favoritos, la materia que más le gusta y, lo más importante, quién es su traga [¿qué persona le gusta?]. Ese cuaderno se rotaba en las clases por todos los puestos del salón para que cada uno de nuestros compañeros las respondiera. Lo mejor era al finalizar del día cuando uno podía leer todas las respuestas, especialmente, las de nuestra traga, con la ilusión de ver nuestro nombre como respuesta a la pregunta de ¿cuál es su traga?

En ese entonces comenzaron mis tusas porque, para mi infortunio, descubrí que no era la traga de nadie. Pero bueno, por lo menos me enteraba de sus vidas (consuelo de tontos).

En la universidad ya éramos muy grandes como para ponernos a hacer un chismógrafo, así las cosas, cuando nos graduamos y, a pesar de nuestra ansia de chisme, sabíamos que solo era posible saber de los demás, a través de una llamada, un correo electrónico o de terceros.

No tengo idea si en el Colegio Ardsley llenaron alguna vez un chismógrafo, lo cierto es que, uno de sus egresados, Mark Zuckerberg, creó Facebook, una red social dirigida, en principio, a estudiantes de la Universidad de Harvard, pero que, en el 2007, se expandió alrededor del mundo y en distintos idiomas. Desconozco las razones que llevaron a Mark a crear esta red social, pero puedo intuir que su instinto chismoso lo superó y lo llevó a ser el autor de este invento.

Esta red social ha permitido reencontrarse con amigos de la infancia, del colegio, de la Universidad, de la vida y, en mi caso, también de la calle, y la información que se encuentra es mucho más completa que la de un chismógrafo porque está complementada con fotos, videos y hasta textos.

Allí publicamos los gozosos porque, a decir verdad, es mejor dejar los dolorosos en el anonimato y en nuestra intimidad. Viajes, celebraciones, las fotos más bonitas, los mejores parches, restaurantes, comidas, videos de conciertos, en fin. El éxito de las publicaciones se mide por la cantidad de ‘likes’ que reciben y comentarios como “estás muy churra”, “te ves feliz”, “qué rico verte tan bien”…entre otros. Solo se reciben los halagos porque las críticas no son virtuales, sino reales con quien está al lado y diciendo “mire cómo está de viejo, de joven era churro, pero se volvió gordo y calvo”, “esa vieja tenía un cuerpazo, pero la sejuela le llegó con toda”, “esa era más perra…”, y así sucesivamente.

Facebook es muy peligroso para quienes se dedican, o más bien, hemos dedicado nuestro tiempo a ‘stalkear’ a alguien porque no falta que se le vaya un like o una solicitud de amistad indebida. Eso le pasó a una amiga que salía con un man casado y sin querer le mandó una solicitud de amistad a la esposa… ¿El desenlace de la historia? Se los dejo a su imaginación.

El día de mayor popularidad es el cumpleaños por la cantidad de felicitaciones que llegan por este medio, mientras uno está en la casa solo con su ponqué poniendo el happy birthday de fondo y apagando sus velitas. Tampoco falta la mamá que comenta cada estado o foto de su hijo pensando que lo hace privadamente. Hasta regaños maternales se han conocido y, como consecuencia, un número considerable de mamás bloqueadas.

Yo tuve un novio atropellado por la tecnología y mientras él, en su privacidad, buscaba el perfil de su ex, en vez de escribir el nombre en el campo del motor de búsqueda, lo hizo en su estado… Se imaginarán a esta fiera. Lo peor fue cuando supe la clave de su Facebook, permanecía más en el de él que en el propio, buscando lo que no se me había perdido y lo que, por supuesto, encontré. Aunque me da vergüenza reconocerlo, sé que todas lo hemos hecho. ¿Acaso creen que yo era la novia de Esteman y él se inspiró en mi para componer “No te metas a mi Facebook, no te metas por favor”?

No faltan los mamertos que desertan simplemente por rebeldes y le piden al prójimo que, si quieren saber de ellos, se comuniquen por los medios tradicionales y se quedan ahí sentaditos esperando. No niego que ya me estoy rebelando y me abstengo de hacer algún comentario a una foto porque después la cantidad de notificaciones que me llegan, me pueden enloquecer (más).

Muchos dirán que es una perdedera de tiempo, pero yo descubrí la espía que llevo dentro y creo no ser la única. Por ahí le he hecho inteligencia a más de uno que ni siquiera es amigo y hasta a su familia… todo esto sin la necesidad de que formen parte de mi red.

No hay vaina más inoportuna que el chat de Facebook. Cuando me interesa hablar con alguien busco otro medio para hacerlo, pero por ahí aparecen esas personas de las que solo queremos saber pasivamente, es decir, chismoseando sus fotos, estados y ya. Intenten cerrar esa burbujita en el celular a ver cómo les va…siempre que lo intento, no lo logro.

Para mí el tiempo que permanezco en Facebook no es perdido, pues puedo satisfacer mi morbo de conocer la vida de los demás y de opinar sobre la misma sin impedimento alguno. Aunque cada vez tengo menos amigos, cuando estoy en este mundo virtual siento que mi popularidad sigue vigente.

martes, 17 de marzo de 2015

Entre más trino



Por: @CamiNogales
Para: @articuladosco

Cuando creé mi cuenta en Twitter lo hice solo con la expectativa de conocer una nueva red social y chismear lo que hacían los famosos. Poco a poco empecé a descubrir el encanto de hablarle al pajarito y no de que el pajarito me hablara a mí -como le ocurrió a un vecino de otro país-, y me volví cada día más activa en la red.

Al principio, para una persona tan habladora como yo, fue difícil aprender a redactar una idea en tan solo 140 caracteres, pero poco a poco fui aprendiendo a hacerlo. Ahora me ocurre todo lo contrario: mi neurona se detiene en el carácter 141.

En época preelectoral y de debates presidenciales, dediqué toda mi genialidad a publicar trinos, haciendo mofa de una candidata en especial que se convirtió en mi musa. Sin embargo, me vi obligada a borrarlos cuando me pidieron la hoja de vida para trabajar con ella porque en ese preciso momento estaba desempleada.

En mi cuenta personal me da la misma equivocarme o no porque soy yo la que está detrás de ella: un ser humano de carne y hueso. Sin embargo, la responsabilidad crece en el momento en que uno acepta trinar a nombre de otro y, peor aún, si se trata de una figura pública. El día que me vi involucrada en este trabajo, Twitter comenzó a perder su encanto.

Una de las desventajas de trabajar en esta vaina es que todos se creen “expertos en redes sociales” y, por lo tanto, opinan y dan órdenes a la vez: “Suba esta foto. Escriba esto. Siga a este…”, pero el único responsable de lo que se publica es el Community Manager, así que muchas veces, por hacer caso a los demás, empezamos a padecer.

Los accidentes ocurren tarde o temprano. Para poder ser más eficiente, se me ocurrió la genialidad de configurar la cuenta de mi jefe y la mía en una misma aplicación y un sábado en la noche, trinando un asunto personal, tuve la desgracia de publicar en su cuenta.

Me di cuenta y borré el trino al instante, pero uno de los tantos ‘gurús’ que me acompañaban, tomó un pantallazo y lo subió a un chat de trabajo para preguntarme, públicamente, qué había ocurrido. A mí, literalmente, se me salió el corazón y no sabía cómo explicarlo, mientras cada uno de los integrantes del grupo me caía encima.

No tuve alternativa diferente a reconocer mi equivocación y anunciar que ya estaba configurando cada cuenta en una aplicación diferente. Eso sí, me tocó tomarme una agüita de valeriana para poder conciliar el sueño después de tremendo susto.

El acabose llegó el día en el que triné una frase supuestamente textual que el personaje había expresado en un medio de comunicación. Yo, una obsesiva de la ortografía y de la puntuación, solo me fijé en la redacción de la misma y no en su contenido.

Así las cosas, no tuve un solo error ortográfico, pero sí uno geográfico: confundí una ciudad con un país. Solo percibí el error después de ser víctima de aquellas cuentas falsas que se dedican a hacer, como se dice ahora, ‘bullying’ en la red, más conocidos como ‘trolles’. Para resolver el error borré dicho trino, pero era demasiado tarde. Ya había infinidad de memes retomando dicha frase y obviamente tildando de bruto a mi personaje –el jefe–, pero el bruto no fue él, sino yo.

Me fui para mi casa  porque creí que huyendo de la oficina solucionaría el problema, el cual crecía en mi celular con una infinidad de notificaciones recibidas por minuto. Esa noche lloré más que en mi última tusa, no quería volver a la oficina, ni salir de mi casa.

Al día siguiente llegué a la oficina y mis compañeros me saludaban con cara de solidaridad, pero mi sexto sentido me permitió saber que, en el fondo, decían “mucha bruta esta vieja. Pobrecita”, con cierto tono de burla. La ola de insultos en la red duró muchos días más, hasta que no tuve opción diferente a darle la cara a mi jefe, cuyo llamado de atención tan decente me hizo sentir peor.

Hubiera preferido que me nombrara a mi querida madrecita, con el perdón de la susodicha, porque tanta decencia me desarmó. A pesar de los pesares, la vida me ha llevado a seguir este camino y este es un solo ejemplo de los miles que pasan a diario, no solo a mí, sino a quienes están a cargo de cuentas institucionales o de personajes públicos.

Mi consuelo son quienes han subido una ‘selfie’ por error en esas cuentas, o han enviado mensajes personales y románticos a través de las mismas. En fin, hay miles de casos similares que han ocurrido porque somos seres humanos los que estamos detrás, trabajando bajo presión, y no máquinas programadas. Eso es lo que pocos han entendido.

Por eso entre más trino, no siempre se cumple con la premisa de que más me arrimo, ni me animo, sino que, a veces, más la cago.