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domingo, 25 de diciembre de 2016

Otro año que viene y otro que se va


Por: @CamiNogales

Si leyeron el título de este post cantando, tienen derecho a leerlo, si no, cántenlo y retómenlo.

Si los periódicos hacen balance del 2016, yo no me quedo atrás. Pensándolo bien este año fue muy movido, aunque sigo trabajando “en el mismo lugar y con la misma gente”, como decía mi admirado Juan Gabriel (Q.E.P.D). La tristeza por la salida de muchas personas de mi vida se me pasó rápido cuando se quedaron los únicos que tienen que estar, los verdaderos amigos del alma, los que quiero que estén siempre conmigo.

Bueno dejando a un lado la nostalgia, compré un carro y aprendí a manejar en él, lo que, palabras más, palabras menos, significa que lo estrellé tres veces en menos de un año. Sin embargo, lo positivo es que sobrevivimos, él a mi y yo a él, a pesar del SITP que nos intentó separar definitivamente.

Después de varios talleres de stand-up comedy con Gonzalo Valderrama, terminé haciendo lo que nunca me imaginé, pero siempre quise y, a pesar de las lágrimas que me ha costado este complejo proceso de aprendizaje y de saber que me falta mucho camino por recorrer, me encantó. Mejor dicho, diferente al carro, ahí no hay reversa.

Es la experiencia más retadora que he tenido en la vida por su grado de complejidad, desde la creación de una rutina hasta su ‘delivery’ en donde puede pasar de todo, encontrarse con risas, con caras de culo, olvidarse del libreto, sudar más que en un sauna, sentir que el corazón se sube a la garganta, arrepentirse de estar esperando el turno para pasar en vez de estar en la comodidad de la casa simplemente descansando, sentir que vamos a devolver todo lo que comimos, pero al final está la satisfacción de que sí se puede y que con disciplina todo se logra. Aprendí a admirar a quienes se dedican a la comedia y a respetarlos, nadie se imagina de lo que se trata, hasta que no lo intenta.

A propósito de disciplina, Step Ahead cambió mi mente y mi cuerpo y aunque esto parece PPP (publicidad política pagada), no lo es. Lo que nunca logré en un gym convencional azotándome durante tres horas, lo he logrado en solo una hora. Allí me duele el alma, pero este dolor lo ha compensado el espejo mostrándome resultados que nunca había alcanzado. No solo eso, cada día soy más fuerte y tengo un mejor acondicionamiento físico, así que yo les recomiendo no meterse conmigo. Las básculas en las que me he subido le agradecen a Step Ahead y yo también porque cada día soy menos fat y más fit.

Aunque ya no como carne y me siento más liviana, sigo comiendo cuento, pero lo importante es que ese no engorda. El verano continúa, pero pues ya me acostumbré a vivir en esta estación, para eso se hizo el aire acondicionado.

También aprendí a convivir y a reírme de las historias que me inventan los desparchados que, en vez de vivir su vida, escudriñan la de los demás y lo peor de todo es que lo hacen mal e inventan unos videos tan descabellados como su propia vida.


Lo mejor de todo es que, después de un año emocionalmente difícil, al final todo ha tenido su recompensa y me ha servido para cosas mejores. Agradezco a los que, pese a estos altibajos, aún permanecen. Ahora viene lo mejor y ustedes, que saben quienes son, lo disfrutarán conmigo. Así es la vida, si estuviste en las duras, mereces estar en las maduras.

domingo, 27 de enero de 2013

Back to the Gym


Por: @CamiNogales


Dicen que ser ama de casa es el oficio más desagradecido del mundo, pero aunque estoy de acuerdo, hay otro que le hace competencia en lo ingrato: el ejercicio. Obviamente trae miles de beneficios para la salud, pero no importa si lleva toda una vida haciendo deporte, sólo basta con que deje varias semanas o meses de practicar dicha actividad, para que sienta que nunca lo había hecho en su vida.

Eso me pasó este año. Dejé diez meses de ir al gym y, cuando decidí reiniciar, lo hice en una clase de Yoga donde me di cuenta que parecía una muñeca de caucho, pero oxidada. Todas estas facultades de flexibilidad, adquiridas con los años en clases de yoga, stretching y pilates, simplemente ya no existen. Lo peor es que había señoras de edad que hacían los ejercicios mejor que yo y a mí me tocaba acudir a la forma simple de cada una de las posturas y, obviamente, en un número menor de series a los demás asistentes de la clase. 

Pero bueno, ya estoy acostumbrada a que esto me ocurra en la vida. De la niña que era una ‘dura’ jugando tennis, no queda nada y por eso no me gusta ni contarlo. ¿Quién me va a creer que fui campeona de tenis si cuando cojo una raqueta y una bola parezco, más bien, Édgar Rentería? Sí, el resultado es que la bola, si estoy de buenas, llega a la otra cancha, pero si no, sencillamente, como si estuviéramos en el Triángulo de las Bermudas, desaparece. Así que quedé con más pinta de beisbolista que de tenista. 

De la niña que patinaba todos los días al frente de la casa, que hacía el ángel, la vuelta campana y patinaba hacia atrás en patines de cuatro ruedas, queda hoy una adulta que tambalea subiéndose en patines en línea y, al lograrlo, termina aferrada a una baranda. 
Retomando el tema del Gym, lo peor fue el día que volví a hacer spinning. Como es costumbre, en cualquiera de estos lugares siempre me encuentro con gente que he conocido en otro gimnasio. Eso me pasó con el profesor que me reencontré en mi nuevo gym y me exigió igual que antes. Lo que él no sabía era que llevaba casi un año sin hacer ejercicio y que, cuando lo conocí, estaba en el tercer piso. Ese día alcancé a ver a mi abuela llamándome al otro lado del túnel. 
Coincidió que, por esos días fue la entrevista de Lance Armstrong, criticado por todo el mundo, menos por mí porque, realmente, sentí la necesidad de consumir EPO para poder terminar la dichosa clase y llegar a mi casa con vida. 

La siguiente clase me fue mucho mejor, no precisamente por mejorar mi rendimiento físico. Tampoco conseguí el EPO por tratarse de una mezcla de sustancias muy sofisticadas, sino que cada vez que el profesor decía que le aumentara la resistencia yo simulaba hacerlo. Por lo tanto, terminé la clase sin una gota de sudor y quedé lista para otra, como en los viejos tiempos. 

Pero la modalidad de Body Combat logró lo que, hasta el momento, otras clases no habían hecho conmigo y fue despertar mi buen estado físico. Creo que mi instinto agresivo fue el que logró que, a punta de puño y pata, sudara y sacara toda la adrenalina que hay dentro de mí, que no es poca, aclaro. Ahí sentí que volví a nacer, sensación que me duró poco menos de tres minutos después de acabar la clase, cuando se me fueron las luces. 

Ahora ya nada es como antes. Uno ya no puede ajustar su vida al horario de clases, sino al revés. Así que, basada en esta realidad, tuve que asistir a una clase de “Súper ABS” y yo me pregunté a mí misma qué tenían de súper las abdominales y mi respuesta la reconfirmé al finalizar la clase: nada. Yo lo que no entiendo es cómo en 1 hora que equivale a 60 minutos es posible inventarse tantas clases de abdominales para repetir en series de 30. Lo que destaco del profesor es su creatividad y la forma de prolongar el tiempo porque esa hora parecen dos y, lo peor, es que sigue siendo una. 

Otra de las desventajas de dejar de hacer ejercicio es que los músculos que, después de tantos años de esfuerzo, se habían logrado tonificar, hoy parecen una gelatina. Así que vuelve y juega. Pero bueno, seguiré trabajando por recuperar mi estado físico, lo que me preocupa es que, cuando me esfuerzo un poco más de la cuenta, me da un hambre incontenible…muy difícil de aguantar, pero no tengo alternativa diferente si quiero ver resultados y volver a ser una deportista consumada.

domingo, 17 de julio de 2011

El Gym


Si está decidido a inscribirse en un gimnasio, no lo haga sin antes leer este post que influirá en su decisión...Llevo alrededor de 15 años frecuentando estos lugares. Al principio, me costó trabajo convertirlo en una disciplina en mi vida, pero, después de un tiempo, se convirtió en un hábito que me ha acompañado desde entonces. He pasado por varios, donde he conocido personajes muy particulares que suelen repetirse allí.

Los entrenadores de pesas son igualitos, la única diferencia son sus caras y nombres. El denominador común es su masa muscular que sobrepasa la de una persona promedio, producto del levantamiento de mucho peso y de una dieta altamente proteica. Algunos han participado en concursos de físicoculturismo y llevan las fotos consigo, en la que muestran cómo quedó su cuerpo, cuando ni siquiera podían tomar agua con el fin de marcar más su musculatura. Ese registro fotográfico incluye una pose en la que demuestran su fortaleza y virilidad.
Es peligroso acercárseles porque se corre el riesgo de volverse igual o parecido a ellos. Claro que depende, si usted es gorda, mejor no les hable que no le van a parar bolas. Pero si es mamacita, no lo piense dos veces, la atenderán como se merece. Eso me pasó a mí. Sólo cuando bajé de peso tuve el privilegio de ser su amiga. Ahí caí en manos de uno de ellos. Todo iba bien, pero el exceso de entrenamiento con pesas, me ayudó a moldear el cuerpo y también a aumentar las medidas del cuello. ¿Camila Tyson? No, gracias. Prefiero seguir siendo Nogales y, por esa razón, dejé las pesas a un lado.

Como ustedes saben, los gimnasios tienen espejos en todas partes. Por eso, no les extrañe ver a uno que otro hombre subiéndose la camiseta para apreciar sus abdominales. Eso sólo lo hacen quienes tienen la chocolatina o six pack bien marcada, porque los demás ni se atreven. Se miran de perfil, de frente y, disimuladamente, por detrás. En cambio, las mujeres de abdomen plano no necesitan hacerlo porque simplemente llevan un top, lo cual genera un trauma en las demás, que se ponen una camiseta o un esqueleto. No falta, la que se pone el top, y exhibe su flácida barriga sin pudor alguno.

Las señoras de la tercera edad van a las primeras clases de la mañana. Se viven quejando de todo: del volumen de la música, de los ejercicios que afectan sus rodillas, de la forma de vestir del profesor de la clase y son, Dios me perdone, insoportables. Ellas deberían ser consecuentes con su edad y si les molestan las clases, la música y los profesores, contraten a un entrenador personal o hagan ejercicios, en su casa, con la viejita de TV Centro.

Algunas mujeres van maquilladas y peinadas. Las que lo hacen después de las 6:00 p.m. es comprensible pues llegan de la oficina y se van directo al gimnasio pero, ¡a las 6:00 a.m.! ¿para ir a sudar? Algunas me responderán: “yo no sudo”. Pues claro que no, porque para no dañar el maquillaje, ni su presentación personal, no hacen nada. Si es en spinning no le ponen resistencia a la bicicleta, mientras los demás sudan la gota gorda. No logro entender por qué no se quedan en la casa durmiendo y se ejercitan por hipnopedia. Estoy segura que sería más efectivo.

En contraposición, están las que llegan sin maquillaje, con una cola de caballo y hacen ejercicio a conciencia. Esas somos pocas y me incluyo porque esa es mi finalidad en el gimnasio: hacer ejercicio para sentirme bien. Lo chistoso es que, la mayoría de las veces, cuando me encuentro a alguien del gimnasio en la calle, no me saluda y no precisamente por antipatía, sino porque no me reconoce. ¿Es que acaso no tengo derecho a estar peinada, maquillada y vestida? Yo no soy solo sudor y ropa deportiva, también me arreglo.

Pero, ojo. Una cosa es ir a hacer ejercicio con ropa deportiva decente y sudar, y otra tener los pantalones o las medias rotas. No falta el que llega a Pilates, se quita los zapatos y se le sale el dedo gordo o tiene los pantalones con algún agujero. O las mujeres que se ponen esqueleto y, al levantar la axila, ya se imaginarán lo que por allí se asoma. Como dice mi primita: “guácala”.

Las profesoras son las más envidiadas e insultadas por las demás mujeres que asisten a sus clases. Tienen unos cuerpazos y no se les mueve nada. Entonces uno siempre está ahí, buscándoles el quiebre y no les perdona ni medio gordito que les salgan, para decir: “hmm…si ve cómo se engordó…eso que se dedica a esto” y, mentiras, fue un día que retuvo un poco más de líquidos. Ayyy...esa es la cobarde envidia.

De otro lado, está la gorda que se vive quejando de las flacas. “Esa vieja traga como un cerdo y mírela, no engorda”. Se mata haciendo ejercicio y culpa a su constitución del sobrepeso. Sí, como no…así será lo que come, que de nada le vale hacer ejercicio.

También están las flacas que se van a desbaratar y siguen haciendo ejercicio. Me da nervios que, en una de esas, se partan. O los profesores que viven haciéndoles ojitos a todas, para ver cuál cae en sus redes, lo que no demora en ocurrir. O sino pregúntenle a Marcela Carvajal cómo cayó ante los encantos de Beto Gaitán.

Así se me han pasado estos 15 años entre bíceps, tríceps, bicicletas de spinning, steps, clases de tae bo, rumba, stretching, Pilates…Todo esto se convirtió en una parte esencial en mi vida. En ese lugar, disfruto, no sólo hacer ejercicio, sino hablar de frivolidades porque yo también tengo de todo un poco.