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lunes, 20 de febrero de 2017

Porque te quiero, te aporreo


Por: @CamiNogales


Las noticias de maltrato a la mujer, violencia intrafamiliar y feminicidios son pan de cada día que, obviamente, deben ser rechazados categóricamente. Pero nunca se ha hablado del complejo trasfondo que hay, en el contexto de una mujer, cuando permite que esto ocurra.

Lo digo con conocimiento de causa de mujeres que han  permitido que sus parejas las agredan física, verbal y psicológicamente. Recuerdo a alguien a quien su novio maltrataba y cuando un amigo intervenía para evitar que la agresión continuara, ella clamaba para que no intercediera, argumentando que se trataba de un problema solo de la pareja. Al día siguiente, su novio era el mejor porque le compraba la pomada para el ojo morado y le ponía hielo en su labio hinchado, entre otros.

También conocí a otra a la que novio que se conseguía, novio que le pegaba, lo cual nunca entendí. Lo más raro del asunto es que, quienes fueron sus parejas, en ese entonces, nunca habían actuado de forma similar con sus exnovias. Esto me hacía preguntarme qué era lo que ella hacía, consciente o inconscientemente, para que siempre se repitiera la misma historia.

La violencia de un hombre hacia una mujer no aparece de forma intempestiva, pero las mujeres, por temor, por apegos o por las razones que sean, no se atreven a tomar decisiones oportunas, hasta que llega el momento en que la situación se vuelve irreversible.

Todo empieza con insultos, faltas de respeto, propiciadas no solo por el hombre porque debemos reconocer que nosotras, a veces, también perdemos el control. Aclaro que no digo, de ninguna manera, que no repudie la violencia contra la mujer, obvio que sí lo hago y categóricamente, pero lo cierto es que estas agresiones no ocurren de un día para otro y hay muchas señales que nos anticipan lo que va a suceder.

La agresividad no se puede ocultar y, por lo general, las denuncias ocurren solo después de varias ‘golpizas’ o de desenlaces trágicos. Aunque existe el temor para denunciar, la mayoría de veces las mujeres no lo hacen porque creen estar enamoradas del agresor y siguen permitiendo que esto se repita hasta que la situación se vuelve insoportable.

Sin embargo, quienes están seguras de sí mismas, a la primera agresión, son capaces de cortar todo de raíz, aunque no hay que juzgar a las que no lo hacen. La permisividad de ellas radica en la relación que hayan tenido con su papá. Por lo general, quienes han sufrido de abandono, indiferencia o maltrato por parte de su padre, relacionan el amor con lo que recibieron de esta figura paternal y tienden a buscar y a encontrar, inconscientemente, las mismas conductas en los hombres que escogen como parejas.

Toda esta información impide que la persona, a pesar de su conciencia de la dificultad de relación en la que está envuelta, no es capaz de acabar con eso que le está haciendo daño. Esto es como el gordo que tiene clarísimo que, para adelgazar, debe hacer dieta, pero sus conflictos psicológicos le impiden actuar al respecto.

Es mucho más complejo de lo que parece. Por esto, las denuncias que hagan sobre este tema en particular, no solucionan la problemática de raíz. Es indispensable una terapia psicológica para la ‘agredida’ y también para el ‘agresor’ que, en algunos de los casos, repite inconscientemente lo que vio en su casa.  


“Porque te quiero, te aporreo”, esa es la información que muchas tienen en su subconsciente y por eso, una vez adultas, aún tienen la posibilidad de trabajar en la superación de esos traumas de la niñez que les ha impedido conseguir a una pareja que realmente las ame y que esté a la altura de lo que cualquier ser humano merece: amar y ser amado incondicionalmente. 

jueves, 9 de febrero de 2017

El dolor de los 'cachos'



Por: @CamiNogales


Cada vez que hablamos de ‘cachos’ pensamos en las infidelidades de pareja, pero me voy a referir a unos que duelen mucho más. En política ocurren a diario, por solo citar un ejemplo, son los cachos que está planeando ponerle el expresidente Álvaro Uribe  a Óscar Iván Zuluaga, con Iván Duque. Después de que hace cuatro años lo respaldó irrestrictamente, y de que éste ha sido incondicional con él, ahora lo cambia por Duque.

Uribe también fue víctima de los mismos cachos de parte del presidente Juan Manuel Santos, ‘tusa’ que ya cumplirá ocho años y en la que manifiesta el mismo dolor que en un principio.

Todo esto se convierte en un círculo vicioso, o qué me dicen de las historias de capos del narcotráfico que todas son similares a la de alias ‘Jabón’, que huyó a Venezuela, donde se alió con militarse venezolanos y sus supuestos aliados, lo asesinaron. Estas traiciones son peores que los cachos comunes.

Pero, en mi concepto, los peores fueron los que alias ‘Monoleche’ y Vicente Castaño, hermano de Carlos Castaño, le pusieron a él. El protegido y hombre de confianza, y su hermano, se aliaron para matarlo.

Aunque los cachos de la pareja duelen, el riesgo siempre está ahí, pero el de un amigo, un socio o un familiar, uno no se lo espera. A quién de ustedes no le quitó el novio una amiga…¿qué le dolió más? ¿el novio o la amiga?

Obvio la amiga porque a ella le confiamos nuestros secretos del alma y del corazón. A mi juicio la amistad siempre será más importante que un noviazgo porque creo que perdura por siempre, por eso cada desilusión que he tenido en ese sentido ha sido más dura que una tusa. 


Aunque es muy triste, en este mundo del sálvese quien pueda, he conocido personas que por un trabajo, plata o poder, no solo son capaces de poner los cachos, sino de matar, al peor estilo de los capos, a su mejor amigo con tal de alcanzar su objetivo. Es por eso que hay que tener mucho cuidado para escoger lo que entregamos y a quién se lo entregamos, para que, ‘por si los cachos’, no suframos tanto.