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martes, 8 de junio de 2021

Sobre Alejandra Azcárate...


Por: @CamiNogales

Me tomé dos semanas después de conocer la noticia, para digerirla y escribir sobre este tema en particular. Después de leer titulares como “Esto responde Antinarcóticos por el avión con coca del esposo de Alejandra Azcárate”, “Abren indagación en base antinarcóticos por avioneta de pareja de Alejandra Azcárate” o “La narcoavioneta: el calvario que vive la familia de Alejandra Azcárate” y “El caso Azcárate”, entre otros, ver toda clase de memes, leer comentarios denigrándola, yo me pregunto qué responsabilidad tiene ella en el caso de su esposo, Miguel Jaramillo, y por qué no se alude a él, tratándose del verdadero protagonista de la noticia.

Es por esto que, cuando se habla de ese tema, nadie sabe el nombre del susodicho, sino que hacen referencia directamente a ella. No necesito ser abogada para saber que las responsabilidades son individuales y, por lo tanto, nada tiene que ver la Azcárate con lo ocurrido. Si el marido es culpable o inocente, tampoco me compete a mi, ni a nadie, diferente a un juez, establecerlo y actuar en consecuencia. Cabe recordar que “todo ser humano es inocente hasta que se demuestre lo contrario”.

Hay muchas teorías sobre la relación de Jaramillo con esa avioneta. Que la sociedad, a la que pertenece la avioneta, se había disuelto, que el marido - perdón, de tanto leer sobre el tema se me pegó lo que tanto critico en este post de no referirme directamente a él, sino al parentesco con ella - se presentó como víctima, que el avión estaba en contrato de comodato…La verdad no entiendo nada, no tengo ni el contexto, ni la idoneidad para hacerlo y, por lo tanto, prefiero callar. 

Tampoco logro entender esa cultura implacable para juzgar y denigrar de los demás, cuando pasan por momentos tan complejos. Son las autoridades las que tienen el deber de juzgar. Entretanto, a la Azcárate la están dilapidando en las redes sociales. Salieron todos sus ‘haters’ a regocijarse con la difícil situación que enfrenta, argumentando, además, que discrepan de sus posturas y les cae muy mal. Por lo tanto, consideran que gozan de la potestad de volverla añicos en redes sociales. 

Reitero que Azcárate ni siquiera forma parte de una investigación y su indudable talento es lo único que la ha llevado lejos. No en vano, se presentó en Viña del Mar frente alrededor de 15.000 espectadores y obtuvo las gaviotas de Oro y de Plata. 

Salió triunfante frente al ‘Monstruo’ de la Quinta Vergara - forma en la que, por obvias razones, se denomina al público de este festival -. Basta recordar cómo Xuxa salió llorando de ese escenario y prometió no volver jamás. Ese es el gran riesgo que se corre ante ese exigente público.  

Soy incapaz de replicar uno solo de los comentarios que he leído en contra de la Azcárate. Lo que sí me doy cuenta es que la gente auténtica, que no busca caerle bien a los demás y dice lo que piensa, es la que peor cae. Peor aún si se trata de alguien exitoso. Esta es, precisamente, una de las razones por las que estos personajes se destacan, para bien o mal. 

Lo que sí me consta, por experiencia propia, es que la gente buena no es la que busca siempre caerle bien a los demás. Esos que andan tan sonrientes por la vida, evitando decir algo impropio para ser aceptados, no son de fiar. Por algo, la diplomacia es un trabajo y la ejercen muy pocos. 

Reconozco que, en un principio, apenas leí la noticia, hice comentarios desobligantes, de los cuales me arrepentí al reflexionar sobre la situación. Me entristece sobre manera la felicidad de muchas personas por la tragedia ajena, sobre todo, de figuras públicas. Aunque también ocurre con figuras no tan públicas. 

Recuerdo mucho a una persona con quien trabajé que se molestaba cuando me pasaban cosas positivas; pero cuando se trataba de algo malo, ella desbordaba felicidad. ¡No lo disimulaba! Eso es más que envidia. Es una enfermedad de la cual desconozco su nombre. 

Lo cierto es que, a pesar de que no conozco a Alejandra Azcárate, le manifiesto mi solidaridad y comparto la indignación por ese ultraje de palabras de las que ella ha sido víctima desde que se conoció esta noticia. Nada tiene que ver ella con lo que está pasando, ni le quita lo que se ha ganado con su experiencia, honestidad, talento, éxito y desparpajo. 


domingo, 25 de diciembre de 2016

Otro año que viene y otro que se va


Por: @CamiNogales

Si leyeron el título de este post cantando, tienen derecho a leerlo, si no, cántenlo y retómenlo.

Si los periódicos hacen balance del 2016, yo no me quedo atrás. Pensándolo bien este año fue muy movido, aunque sigo trabajando “en el mismo lugar y con la misma gente”, como decía mi admirado Juan Gabriel (Q.E.P.D). La tristeza por la salida de muchas personas de mi vida se me pasó rápido cuando se quedaron los únicos que tienen que estar, los verdaderos amigos del alma, los que quiero que estén siempre conmigo.

Bueno dejando a un lado la nostalgia, compré un carro y aprendí a manejar en él, lo que, palabras más, palabras menos, significa que lo estrellé tres veces en menos de un año. Sin embargo, lo positivo es que sobrevivimos, él a mi y yo a él, a pesar del SITP que nos intentó separar definitivamente.

Después de varios talleres de stand-up comedy con Gonzalo Valderrama, terminé haciendo lo que nunca me imaginé, pero siempre quise y, a pesar de las lágrimas que me ha costado este complejo proceso de aprendizaje y de saber que me falta mucho camino por recorrer, me encantó. Mejor dicho, diferente al carro, ahí no hay reversa.

Es la experiencia más retadora que he tenido en la vida por su grado de complejidad, desde la creación de una rutina hasta su ‘delivery’ en donde puede pasar de todo, encontrarse con risas, con caras de culo, olvidarse del libreto, sudar más que en un sauna, sentir que el corazón se sube a la garganta, arrepentirse de estar esperando el turno para pasar en vez de estar en la comodidad de la casa simplemente descansando, sentir que vamos a devolver todo lo que comimos, pero al final está la satisfacción de que sí se puede y que con disciplina todo se logra. Aprendí a admirar a quienes se dedican a la comedia y a respetarlos, nadie se imagina de lo que se trata, hasta que no lo intenta.

A propósito de disciplina, Step Ahead cambió mi mente y mi cuerpo y aunque esto parece PPP (publicidad política pagada), no lo es. Lo que nunca logré en un gym convencional azotándome durante tres horas, lo he logrado en solo una hora. Allí me duele el alma, pero este dolor lo ha compensado el espejo mostrándome resultados que nunca había alcanzado. No solo eso, cada día soy más fuerte y tengo un mejor acondicionamiento físico, así que yo les recomiendo no meterse conmigo. Las básculas en las que me he subido le agradecen a Step Ahead y yo también porque cada día soy menos fat y más fit.

Aunque ya no como carne y me siento más liviana, sigo comiendo cuento, pero lo importante es que ese no engorda. El verano continúa, pero pues ya me acostumbré a vivir en esta estación, para eso se hizo el aire acondicionado.

También aprendí a convivir y a reírme de las historias que me inventan los desparchados que, en vez de vivir su vida, escudriñan la de los demás y lo peor de todo es que lo hacen mal e inventan unos videos tan descabellados como su propia vida.


Lo mejor de todo es que, después de un año emocionalmente difícil, al final todo ha tenido su recompensa y me ha servido para cosas mejores. Agradezco a los que, pese a estos altibajos, aún permanecen. Ahora viene lo mejor y ustedes, que saben quienes son, lo disfrutarán conmigo. Así es la vida, si estuviste en las duras, mereces estar en las maduras.

martes, 3 de mayo de 2016

El trabajo frustrado


Por: @CamiNogales 


Son pocas las personas que realmente están a gusto con su trabajo, pero tampoco pueden darse el lujo de dejarlo porque lo que necesitan para sobrevivir. Eso es lo triste del tema, la vida es una y solo nos dedicamos a sobrevivir, en lugar de vivir.

Aunque pareciera que estuviera parafraseando a Jorge Duque Linares, esta es la pura realidad. Cantantes, profesores, actores, bailarines, policías y comediantes eran algunos de nuestros sueños que abandonamos por seguir una carrera profesional ‘digna’. Sin embargo, esas frustraciones salen a relucir a cualquier hora, momento o lugar.

El éxito de los karaokes radica en la frustración de todos aquellos que soñaron con cantar y se dedicaron a un mundo opuesto. Y es allá, donde, con unos tragos en la cabeza, se les sale el Carlos Vives o la Shakira que llevan dentro y cantan con el alma como si fueran protagonistas de un concierto en el Madison Square Garden. Claro que esto también se repite en la ducha, en conciertos, en la casa, en el carro o en cualquier lugar donde el frustrado canta como si fuera la última canción de la vida.

Las ganas de pararse frente a un tablero y enseñar, mueren en el mismo momento en el que crecemos, buscamos trabajo y nos damos cuenta de esos sueldos tan miserables que ganan los profesores en Colombia. La vocación llega hasta donde el dinero lo permite y esa es la principal razón de la huida, la cual se pone solo en práctica con los niños de la familia.  

Ser actriz o actor de teatro es el sueño que se acaba en el mismo momento en que nuestros padres dicen que debemos ser alguien en la vida, lo que significa que Leonardo Di Caprio, Hillary Swank o Charlize Theron, entre otros, no son nadie.

Pues ya quisiéramos ser nadie como ellos, pero a quienes caímos ante semejante amenaza nos tocó coger otro camino y ser alguien, con mucha menos plata que los citados anteriormente. Así que nuestro talento histriónico toca aplicarlo en el trabajo, en la casa y con nuestras parejas que es con quienes desarrollamos realmente esas capacidades de gritar, llorar y reír, todo en menos de 10 minutos.

Bailar es un arte que se convirtió en profesión, camino que los reprimidos, a los que les encanta, no fueron capaces de tomar. Esos son los que llenan las clases de rumba de los gimnasios y confunden las sillas de los bares con tarimas. Mueven el esqueleto como si no hubiera un mañana y, al despertar al día siguiente, amanecen con desgarros, espasmos y demás lesiones musculares.

Que levante la mano el que no soñó con ser Policía y con portar ese uniforme, pero le faltó decisión para servirle a la comunidad. Cuando eran niños, querían agarrar a los malos y luchar por la justicia, y ahora que son adultos, los consideran sus victimarios. Ellos son el “costeño tenía que ser” de las profesiones porque siempre serán los culpables cuando detienen a alguien conduciendo ebrio, ponen orden a cualquier alteración del orden público o cogen a un ladrón.

A los que quisieron ser futbolistas y se conformaron con jugar banquitas en el barrio y juegan en canchas sintéticas, lamento informarles que ahora los más millonarios y cotizados en el mundo son los futbolistas. Ellos se contentan en su cama viendo partidos y tirándoselas de directores técnicos, criticando a los futbolistas por jugadas obvias que ellos sí podrían hacer.


Los comediantes frustrados son los que hacen chistes bobos a sus amigos, compañeros de oficina y familiares todo el día, cual estudiantes de bachillerato en pleno salón de clase. Lo que ellos no supieron es que ahora es posible formarse, hacerlo y ganarse un 'platal' por presentación como ha ocurrido con unos cuantos.


Lo cierto es que ahora los frustrados solo lo son porque así lo eligieron, pues cualquier camino que se tome siempre será rentable si hay disciplina y vocación.