Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta padre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta padre. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de marzo de 2026

Gracias, papi

 



Una de las fechas, a las que más le temía, desde el inicio del duelo, era a mi cumpleaños. Se llegó el día. Hoy cumplo 54 años y, por primera vez no habrá una entusiasta voz masculina, al otro lado del teléfono, que diga: “Feliz cumpleaños, amiguita, te desea Ponqué Ramo”. Algunos dirán que tuve la fortuna de disfrutarte 53 años de mi vida. Es cierto, pero sé que hubieran podido ser muchos años más.

Hoy celebro mi cumpleaños número 54 agradeciéndote y honrándote. Gracias por la vida, por estar siempre -desde que tengo uso de razón-, por los paseos de domingo, cuando era chiquita, con postre incluido. Porque, en ti, vi a un tipo honesto y trabajador que nunca reparó en darme lo que necesitaba.

Por el tenis que me enseñó la disciplina. Por el América, club en el que pasé gran parte de mi vida. Nuestro camino juntos no fue un lecho de rosas, tuvo muchas espinas. Pero, tú, a pesar de las dificultades, buscabas soluciones. Gracias por responder el llamado de una adolescente que solo aparecía para pedir plata y porque, en medio de tanta complejidad propia de la edad, estabas pendiente y listo para socorrerme. Obviamente yo no lo veía. La ceguera de la rebeldía me lo impedía, pero hoy puedo dar fe de tu incondicionalidad como padre.

Cuando te di el golpe más duro, dijiste que hasta ahí llegabas. Mentiste. Seguías ahí, firme, ayudándome. Mi vida cambió y tú, orgulloso, me acompañabas en ese cambio. No fue fácil. Pero fue el inicio de un camino, no solo profesional, sino personal, de transformación.

Mirar hacia adentro no es fácil. Entretanto, tú ahí, respondiendo a mis reproches y ayudándome a cumplir mis sueños. Gracias a ti conseguí trabajo en lo que más me apasiona: la política. Te convertiste en mi mejor interlocutor. En cada conversación siempre me dejabas un aprendizaje, propio de tu vasta cultura general y de esa inteligencia superior que te caracterizaba.

En la vida adulta y en los problemas que enfrentaba también me auxiliaste. Nunca me dejaste morir. Doy fe de que, hasta el último día de vida, te preocupaste por mí y por la incertidumbre del futuro. Papá solo hay uno, y esa es la causa de este vacío inconmensurable e indescriptible.

Tu mejor legado: mi sonrisa. Por eso hoy, aunque me duela el alma, sonreiré.

Gracias, papi, por la vida, y por los 53 años a mi lado. Seguiré honrando tu legado para sentirte siempre cerca hasta que nos volvamos a encontrar.

martes, 10 de marzo de 2026

Diez meses once 💝




Por: @CamiNogales


No basta con que sean diez meses sin ti, sino que estamos ad portas de una campaña presidencial, y no tengo a mi interlocutor político favorito. Ese que se regodeaba de su hija periodista, el que conocía y respetaba a profundidad mi pensamiento, creía en mis análisis y me enseñaba tanto en cada larga conversación política que sosteníamos.

Con cada noticia que leo, imagino tu opinión al respecto y no me cabe nada distinto que una sonrisa al imaginar tu indignación, ante ciertos acontecimientos propios de la actualidad nacional. “No, no, no…”, esa sería la conclusión después de cada una de nuestras interesantes conversaciones.

En mi vida estás presente a diario, en las noticias, en el gimnasio, en el trabajo, en mis aciertos y en mis errores -que no son menores- debido a mi impulsividad. Pero así somos los Nogales. A pesar de la fortaleza del carácter, somos nobles, con un corazón inmenso, firmes y de lágrima bastante fácil.

Imagínate que esas lágrimas no se han detenido desde que te fuiste. Antes eran en público; ahora, en privado, porque la gente se aburre de escuchar hablar de los dolores ajenos, especialmente de las pérdidas de sus seres más queridos.  

En estos diez meses mi vida ha cambiado mucho. Los buenos amigos se quedaron; otros, se fueron. Cambié de trabajo. Estoy en un sector muy diferente, que tú -dada tu amplia cultura general- conocías muy bien y del que yo apenas estoy aprendiendo. He conocido gente maravillosa, algunos son ángeles que tú me has enviado desde el cielo y que han sabido acompañarme y apoyarme en esta parte del camino.

A veces me dicen que soy valiente por poder sobrellevar este duelo; pero valiente, a mi juicio, es el que se tira de un paracaídas. Esto no es de valentía, es lo que me tocó vivir cuando creía que no lo tenía que vivir -valga la redundancia-.

Todavía, aunque la mayoría del tiempo me ocupo y honro tu legado todos los días a través del trabajo, del deporte, de la risa y de mis chistes malos, existen momentos en los que no me hallo en ningún lugar. Hoy es uno de esos, en los que siento que esto fue un mal sueño. Sí, la negación -en este proceso tan complejo- es intermitente.

Pero también he descubierto que el amor nunca muere y que tú serás mi padre y me cuidarás siempre, sin importar dónde estés. Ese “ahora tienes un ángel en el cielo que te cuida”, frase cliché que siempre me indignó, es totalmente cierta y tú me lo has hecho saber a través de sueños y señales explícitas en las que me has manifestado que nunca me desampararás y siempre me amarás, como yo a ti. Te extraño, papi.

 





domingo, 10 de agosto de 2025

Otra carta para ti

 



Por: @CamiNogales 

Hola, papi: Esta es solo una, de las muchas cartas, que sé que te escribiré porque es la única forma en la que me puedo expresar, sin censura, y en la que creo que me sientes o me escuchas. Estos 92 días sin ti han sido muy duros, los más tristes de mi vida, sobre todo porque te creía infinito e infalible. 

Nunca imaginé cómo sería mi vida si mo estuvieras acá, era un panorama impensable, y ahora no quiero ni pensar en cómo viviré, lo que me queda de vida, con tu ausencia. La terapia del alcohólico “un día a la vez” aplica para todo, especialmente, para este caso; porque, si me pongo a hacer cálculos, me derrumbo.   

Ya entiendo por qué decían que el duelo es una montaña rusa de emociones; pero quienes no lo han vivido son indolentes frente al esfuerzo diario que uno hace para sobrevivir a este dolor. Pero eso es lo de menos, lo de más es que te extraño demasiado. Sé muy bien que nuestra relación nunca fue fácil, fui muy rebelde y toda esa rebeldía se traducía en la necesidad de ser vista y amada. 

Obviamente lo hiciste y, por eso, hoy soy quien soy. Si no hubiera sido por tu firmeza, tu lealtad y por ese amor tan grande, que solo siente un padre por sus hijos, y el mismo que te llevó a explorar miles de posibilidades para encontrar el camino que me llevara a tener una vida productiva y feliz. 

Tu preocupación siempre fue la misma, sin importar si yo era una adolescente rebelde de 20 años, o una mujer de 53, con una vida totalmente opuesta a la de su adolescencia. A pesar de este sentimiento de orfandad y, con todo el miedo que puedo sentir al no tener tu apoyo físico, te agradezco, en el alma, por darme las herramientas para salir adelante. 

Quizás, en su momento, no lo valoré porque los hijos lo damos todo por sentado, creemos que todo lo merecemos, somos implacables con los padres y, solo hasta que ellos no están, nos damos cuenta de que todo lo que somos es gracias a ellos. Esto lo escribo con lágrimas en los ojos, y espero que les sirva a quienes no están pasando por esta situación para que reconozcan todo ese esfuerzo hoy, y no mañana cuando sea tarde porque un amor así no lo volveremos a tener nunca. 

Ahora te busco, no solo en fotos, sino en el espejo. Éramos tan parecidos, basta con mirar mis manos, son iguales a las tuyas, mis ademanes, la locuacidad, esa inteligencia a toda prueba -exagero, la mía sí tiene sus límites-, e incluso en cada tropiezo porque hasta la torpeza te heredé. Estás en cada paso que doy y en mi corazón, de donde no saldrás jamás. 

Por eso, cada día, desde que abro los ojos, intento hacer lo mejor que pueda con lo que me diste. Eso es lo que me hace levantar, a pesar del dolor, a trabajar y a buscar más herramientas que me permitan rehacer mi vida. 

Hay días en que me cuesta más que otros, pero recuerdo que me decías que era una “luchadora” y eso  me alienta, a seguir persiguiendo mis sueños, en este momento tan triste en el que mi amor y mis análisis políticos se quedaron sin su principal destinatario.