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martes, 2 de enero de 2018

El Quirófano



Por: @CamiNogales 


Soy demasiado cobarde para meterme a un quirófano por voluntad propia y por eso nunca ha estado entre mis opciones una cirugía estética. Hace poco tuve una por temas de salud y corroboré mi fobia. Todo empieza desde que uno entra solo, le toca quitarse toda la ropa, a pesar de que era solo una incisión en la mano, ponerse una bata y unos calzones desechables que se escurren todo el tiempo.

Desde ahí comienza el sufrimiento porque uno siente que se le ve la raya, que se salió una teta…siguen con la canalización y la vena que, al saber a lo que estaba expuesta, decide esconderse. El enfermero empieza a pegarle para que salga de su escondite y con ese dolor de vena empieza el viacrucis.   

Luego llegan los anestesiólogos y llevan al paciente a una sala helada. La anestesia, antes de lograr su cometido,  produce un ardor por todo el cuerpo hasta que éste se acostumbra al medicamento. Posteriormente, con un aparato, aprietan tanto la pierna que uno no sabe si ponerse a hacer leg curl o gritar. 

Finalmente, con la llegada del médico acaba la historia y el testimonio del paciente. A partir de ese momento, médico, anestesiólogo y enfermera pueden hacer su voluntad con nuestro cuerpo, bailar alrededor, encima o debajo de uno, dejarle unas tijeras en el estómago… 

Para el anestesiado solo ha pasado un minuto desde que lo canalizan hasta que el médico dice “ya terminó la cirugía, todo salió bien”. Sin embargo, este último aclara que la cirugía duró una hora que equivalen a 60 minutos perdidos en la vida del paciente, al que luego llevan a sala de recuperación. En mi caso concreto, lo único que necesitaba para recuperarme era comer porque eran las 2:00 p.m. y seguía en ayunas. 

Mientras llegaban las galletas y el jugo de naranja, tuve la oportunidad de ver los pacientes que estaban a mi alrededor: el que se partió el pie, la que se hizo la rinoplastia que, claramente, no reconocería después en la calle porque lo único que tenía era una venda en la nariz y los ojos morados, pero lo que más me impresionó fue una recién salida de una liposucción que no podía moverse. Su cara de dolor hablaba por sí sola, con el agravante de que ella no podía valerse por sus propios medios. Necesitaba de la enfermera para sentarse, cambiarse de lado, en fin…

Respeto lo que cada uno decida hacer con su vida y con su cuerpo. Yo decidí no hacer nada y asumir el paso del tiempo y mis imperfecciones dignamente.  Espero no volver a un quirófano y si toca, lo haré cuando sea estrictamente necesario, solo por motivos de salud.

No logro entender cómo la vanidad es superior al dolor que se pueda sentir durante y después de una cirugía porque como dicen por ahí “cirugía es cirugía” y todas tienen el mismo riesgo. Está comprobado que muchas veces el remedio es peor que la enfermedad. 

Las cirugías muchas veces generan adicción por alcanzar una perfección inalcanzable e incrementan la falta de aceptación. Para la muestra, Yenis Lugo que lleva 24 y los resultados los juzgarán ustedes. Sin cirugías todos tenemos nuestro tumbao y la belleza cambia de acuerdo con la edad de cada cual.

Si tengo más de 40 no voy a poder verme nunca como una de 20, así me haga mil cirugías, igual ya pasé por ahí y no entiendo para qué devolverme. Lo cierto es que no me interesa que me canalicen, me chucen, me saquen sangre, me incapaciten, ni nada parecido por decisión propia. Así como estoy soy cobardemente feliz. https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gif


jueves, 29 de junio de 2017

13 Reasons Why



Por: @CamiNogales 

Este post no es precisamente una crítica de la serie de Netflix que, por cierto, me agarró, ni tampoco son las 13 razones por las cuales me suicidé porque aquí sigo vivita, sino más bien son 13 razones de lo que no haría en la vida. 

1) No me inyectaría bótox porque, aunque sí cumple con el objetivo de eliminar las arrugas, hay que hacerlo constantemente, lo que trae como consecuencia la parálisis del músculo y pues para la muestra el aumento del volumen de los  pómulos que contrasta con las arrugas del cuello y termina convirtiendo a las mujeres, que se realizan este procedimiento, en ‘mostretes’. La verdad prefiero envejecer digna y naturalmente. 

2) Tampoco me inyectaría ácido hialurónico en mi cuatro letras porque, pese a que carezco de ese atributo, prefiero matarme haciendo sentadillas que parecer con dos bombas de agua por detrás. 

3) No iría a un bar swinger ni loca porque me negaría a ver a mi pareja con otra persona y tampoco estaría con otra persona que no fuera mi pareja y menos en frente del personaje (del mismo modo y en el sentido contrario). Mejor dicho, no quiero extenderme en argumentos porque se me sale el Alejandro Ordóñez que llevo dentro.

4) No sería anoréxica porque, a pesar de mi obsesión por adelgazar, si hay algo que no puedo hacer es dejar de comer o aguantar hambre. Bulimia sí, pero anorexia nunca en la vida. 

5) La liposucción, aunque en una época estuvo en mis planes, dejó de estarlo porque la única solución al sobrepeso, con o sin lipo, es la disciplina que se traduce en una dieta saludable y ejercicio. De lo contrario vuelve uno a su estado normal, con cintura pero con las Michelin que se redistribuyen en el resto del cuerpo.

6) No trabajaría en una funeraria porque soy la persona más cobarde del mundo. Se muere un ser querido y no puedo dormir no solo por la tristeza sino porque me da mucho susto que tenga algún tipo de manifestación. Aprovecho para recordarles que si se van de este mundo, dejen así, váyanse sin despedirse, yo entenderé. Gracias. Si ese miedo lo siento con mis conocidos, no me imagino con los desconocidos. Además lloraría cuanto muerto llegara a la funeraria. 

7) No me tomaría un trago no por asceta, sino porque no me gusta, de hecho sabe feo, ni me entra. ¿La razón? El cupo destinado para este líquido, en mi organismo, lo superé como a los 30 y todavía tengo guayabo acumulado. 

8) Si hay algo que va en contra de mi naturaleza es el silencio y, aunque sé que “la prudencia hace verdaderos sabios”…de sabiduría poco. 

9) No competiría en el Tour de Francia porque no sé montar bicicleta 

10) No volvería a Tinder no solo porque Rafael Uribe dijo que este “es el puteadero más grande del mundo y además es gratis”, sino que es la forma más impersonal de conocer manes que piensan que uno está en esa red por necesitado y pues NO. 

11) No protagonizaría una película porno por las mismas razones que Viviane Morales tampoco lo haría. 

12) No estaría con una mujer porque me gustan los hombres 

13) No votaría en elecciones por Iván Márquez, Timochenko o cualquier exguerrillero de las FARC porque, aunque me parece bien que hayan firmado la paz, mi memoria sigue intacta