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lunes, 1 de junio de 2015

Facebook, el chismógrafo digital


Por: @CamiNogales 
Para: @Articuladosco


El interés morboso de conocer las intimidades de los demás es inherente al ser humano. Desde niños queremos saber todo de todos, independientemente de que eso afecte o no nuestra vida. Es por eso que, en los 80’s, cuando estábamos en primaria, con el fin de conocer las intimidades de nuestros compañeritos de colegio, nació el chismógrafo.

Este era un cuaderno que, en cada hoja, traía una pregunta como nombre, apellido, edad, comida, color y libros favoritos, la materia que más le gusta y, lo más importante, quién es su traga [¿qué persona le gusta?]. Ese cuaderno se rotaba en las clases por todos los puestos del salón para que cada uno de nuestros compañeros las respondiera. Lo mejor era al finalizar del día cuando uno podía leer todas las respuestas, especialmente, las de nuestra traga, con la ilusión de ver nuestro nombre como respuesta a la pregunta de ¿cuál es su traga?

En ese entonces comenzaron mis tusas porque, para mi infortunio, descubrí que no era la traga de nadie. Pero bueno, por lo menos me enteraba de sus vidas (consuelo de tontos).

En la universidad ya éramos muy grandes como para ponernos a hacer un chismógrafo, así las cosas, cuando nos graduamos y, a pesar de nuestra ansia de chisme, sabíamos que solo era posible saber de los demás, a través de una llamada, un correo electrónico o de terceros.

No tengo idea si en el Colegio Ardsley llenaron alguna vez un chismógrafo, lo cierto es que, uno de sus egresados, Mark Zuckerberg, creó Facebook, una red social dirigida, en principio, a estudiantes de la Universidad de Harvard, pero que, en el 2007, se expandió alrededor del mundo y en distintos idiomas. Desconozco las razones que llevaron a Mark a crear esta red social, pero puedo intuir que su instinto chismoso lo superó y lo llevó a ser el autor de este invento.

Esta red social ha permitido reencontrarse con amigos de la infancia, del colegio, de la Universidad, de la vida y, en mi caso, también de la calle, y la información que se encuentra es mucho más completa que la de un chismógrafo porque está complementada con fotos, videos y hasta textos.

Allí publicamos los gozosos porque, a decir verdad, es mejor dejar los dolorosos en el anonimato y en nuestra intimidad. Viajes, celebraciones, las fotos más bonitas, los mejores parches, restaurantes, comidas, videos de conciertos, en fin. El éxito de las publicaciones se mide por la cantidad de ‘likes’ que reciben y comentarios como “estás muy churra”, “te ves feliz”, “qué rico verte tan bien”…entre otros. Solo se reciben los halagos porque las críticas no son virtuales, sino reales con quien está al lado y diciendo “mire cómo está de viejo, de joven era churro, pero se volvió gordo y calvo”, “esa vieja tenía un cuerpazo, pero la sejuela le llegó con toda”, “esa era más perra…”, y así sucesivamente.

Facebook es muy peligroso para quienes se dedican, o más bien, hemos dedicado nuestro tiempo a ‘stalkear’ a alguien porque no falta que se le vaya un like o una solicitud de amistad indebida. Eso le pasó a una amiga que salía con un man casado y sin querer le mandó una solicitud de amistad a la esposa… ¿El desenlace de la historia? Se los dejo a su imaginación.

El día de mayor popularidad es el cumpleaños por la cantidad de felicitaciones que llegan por este medio, mientras uno está en la casa solo con su ponqué poniendo el happy birthday de fondo y apagando sus velitas. Tampoco falta la mamá que comenta cada estado o foto de su hijo pensando que lo hace privadamente. Hasta regaños maternales se han conocido y, como consecuencia, un número considerable de mamás bloqueadas.

Yo tuve un novio atropellado por la tecnología y mientras él, en su privacidad, buscaba el perfil de su ex, en vez de escribir el nombre en el campo del motor de búsqueda, lo hizo en su estado… Se imaginarán a esta fiera. Lo peor fue cuando supe la clave de su Facebook, permanecía más en el de él que en el propio, buscando lo que no se me había perdido y lo que, por supuesto, encontré. Aunque me da vergüenza reconocerlo, sé que todas lo hemos hecho. ¿Acaso creen que yo era la novia de Esteman y él se inspiró en mi para componer “No te metas a mi Facebook, no te metas por favor”?

No faltan los mamertos que desertan simplemente por rebeldes y le piden al prójimo que, si quieren saber de ellos, se comuniquen por los medios tradicionales y se quedan ahí sentaditos esperando. No niego que ya me estoy rebelando y me abstengo de hacer algún comentario a una foto porque después la cantidad de notificaciones que me llegan, me pueden enloquecer (más).

Muchos dirán que es una perdedera de tiempo, pero yo descubrí la espía que llevo dentro y creo no ser la única. Por ahí le he hecho inteligencia a más de uno que ni siquiera es amigo y hasta a su familia… todo esto sin la necesidad de que formen parte de mi red.

No hay vaina más inoportuna que el chat de Facebook. Cuando me interesa hablar con alguien busco otro medio para hacerlo, pero por ahí aparecen esas personas de las que solo queremos saber pasivamente, es decir, chismoseando sus fotos, estados y ya. Intenten cerrar esa burbujita en el celular a ver cómo les va…siempre que lo intento, no lo logro.

Para mí el tiempo que permanezco en Facebook no es perdido, pues puedo satisfacer mi morbo de conocer la vida de los demás y de opinar sobre la misma sin impedimento alguno. Aunque cada vez tengo menos amigos, cuando estoy en este mundo virtual siento que mi popularidad sigue vigente.

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