Por: @CamiNogales
No basta con que sean diez meses sin ti, sino que estamos ad portas de una campaña presidencial, y no tengo a mi interlocutor político favorito. Ese que se regodeaba de su hija periodista, el que conocía y respetaba a profundidad mi pensamiento, creía en mis análisis y me enseñaba tanto en cada larga conversación política que sosteníamos.
Con cada noticia que leo, imagino tu opinión al respecto y
no me cabe nada distinto que una sonrisa al imaginar tu indignación, ante
ciertos acontecimientos propios de la actualidad nacional. “No, no, no…”, esa
sería la conclusión después de cada una de nuestras interesantes conversaciones.
En mi vida estás presente a diario, en las noticias, en el
gimnasio, en el trabajo, en mis aciertos y en mis errores -que no son menores-
debido a mi impulsividad. Pero así somos los Nogales. A pesar de la fortaleza
del carácter, somos nobles, con un corazón inmenso, firmes y de lágrima
bastante fácil.
Imagínate que esas lágrimas no se han detenido desde que te
fuiste. Antes eran en público; ahora, en privado, porque la gente se aburre de
escuchar hablar de los dolores ajenos, especialmente de las pérdidas de sus
seres más queridos.
En estos diez meses mi vida ha cambiado mucho. Los buenos
amigos se quedaron; otros, se fueron. Cambié de trabajo. Estoy en un sector muy
diferente, que tú -dada tu amplia cultura general- conocías muy bien y del que
yo apenas estoy aprendiendo. He conocido gente maravillosa, algunos son ángeles
que tú me has enviado desde el cielo y que han sabido acompañarme y apoyarme en
esta parte del camino.
A veces me dicen que soy valiente por poder sobrellevar este
duelo; pero valiente, a mi juicio, es el que se tira de un paracaídas. Esto no
es de valentía, es lo que me tocó vivir cuando creía que no lo tenía que vivir
-valga la redundancia-.
Todavía, aunque la mayoría del tiempo me ocupo y honro tu
legado todos los días a través del trabajo, del deporte, de la risa y de mis
chistes malos, existen momentos en los que no me hallo en ningún lugar. Hoy es
uno de esos, en los que siento que esto fue un mal sueño. Sí, la negación -en
este proceso tan complejo- es intermitente.
Pero también he descubierto que el amor nunca muere y que tú
serás mi padre y me cuidarás siempre, sin importar dónde estés. Ese “ahora
tienes un ángel en el cielo que te cuida”, frase cliché que siempre me indignó,
es totalmente cierta y tú me lo has hecho saber a través de sueños y señales
explícitas en las que me has manifestado que nunca me desampararás y siempre me
amarás, como yo a ti. Te extraño, papi.
