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miércoles, 2 de febrero de 2022

Nací en el 72

 




Por: @CamiNogales

Este post, más allá de ser un camino a la nostalgia de lo que ha ocurrido en mi vida durante este medio siglo, que sería más bien tema para una novela o un thriller psicológico, este es un recuento de los cambios tecnológicos y culturales de los cuales he sido testigo durante mi prolongada existencia.

 

Nací en un mundo en el que solo nos acompañaba un radio –con radionovela incluida- y un televisor en blanco y negro. No existían los pañales desechables y el teléfono fijo era el único medio que nos permitía comunicarnos con el exterior. No había lavadora, sino lavadero para ‘fregar’ la ropa a mano.

 

Eran épocas de ‘forzada’ unión familiar porque solo había un televisor y dos canales. Los principales partidos del Mundial de Fútbol del 78 se podían ver en pizzerías y pantallas gigantes – a color- ; pero en la casa, ni soñarlo. Mario Alberto Kempes fue el mejor jugador de la Selección Argentina, campeona mundial de ese año, y el estadio, que lleva su nombre, no estaba planeado. Luego, con la televisión a color, todo cambió. Me acuerdo de ese televisor Hitachi que, aunque no venía con control remoto, el palo de la escoba hacía su labor.

 

El teléfono no era inalámbrico. Por lo tanto, había que destinar un tiempo prudente –en mi caso, imprudente - solo para hablar. Si buscaba privacidad, era necesario estirar el cable -hasta el baño o un cuarto- con el fin de tener trascendentales conversaciones privadas – a los 12 años de edad -. En esa época, en pocas casas tenían identificador de llamadas, entonces era todo una aventura, llena de adrenalina, reunirse con las amigas y marcar a cualquier número de teléfono para preguntar, “¿Allá lavan ropa?”, escuchar la negativa del otro lado, y concluir diciendo “¡Cochinos!” o escuchar al otro lado del teléfono, a la persona que nos gustaba, decir “aló, aló…hableee, aló…”si la respuesta era con madrazo, mucho mejor.

 

Cuando no podíamos andar en Renault 4, Alpine o Renault 18, carros de la época, cogíamos la buseta directo Caracas, Unicentro, Teusaquillo y no recuerdo cuál más. En época electoral, salíamos en el carro, con afiches del candidato predilecto, a gritar su nombre por toda la ciudad. Por su parte, los contradictores de la época, nos echaban harina. Algo difícil de repetir, ahora, en un mundo tan violento y polarizado. Lo propio hacíamos después de los partidos de Colombia en el que salíamos a gritar, tirar harina y, por supuesto, tomarnos unos guaros.

 

En la grabadora podíamos escuchar los casetes de Abba, Nikka Costa, Menudo, Michael Jackson, Chicago, Air Supply, Luis Miguel…Sacar las letras de las canciones era todo un reto, tocaba retroceder el casete mil veces para entender lo que decían o -más bien- lo que creíamos que decía la canción.

 

El equipo de sonido fue lo mejor que pudo pasar. Los discos de acetato llegaron para hacernos la vida más feliz. El único problema que presentaba era la mota que se le pegaba a la aguja e impedía un buen sonido. También grabábamos casetes, directamente de la emisora, con la voz del DJ incluida.  Esta magia se acabó con la llegada del CD y ahora, con plataformas como Deezer o Spotify. Lo paradójico es que el tocadiscos se está volviendo un objeto de lujo y goce de jóvenes en las casas. 

 

Nuestra distracción era el parque, la calle, los patines. Nuestros amigos pertenecían a la vida real, al colegio o el barrio. Las casas o la tienda eran nuestro punto de encuentro. En la época de Pablo Escobar, cuando estábamos en la casa y sentíamos la explosión de una bomba, solo podíamos conocer la información por radio o esperar a las 7 p.m. para ver el noticiero.

 

También parchábamos en el único centro comercial que había por estos lares: Unicentro. Allí vimos a los famosos Bee Gees de la época, presenciamos tropeles y comíamos helado. Era un lugar en el que no hacíamos absolutamente nada, pero allá llegábamos, puntualmente, todos los fines de semana.

 

Durante la famosa Hora Gaviria –medida de racionamiento de luz que rigió durante el gobierno de César Gaviria- aprovechábamos ese rato para vernos, a oscuras, con nuestros amigos y no hacer nada, pero lo importante es que estábamos juntos y en la calle. Tiempos aquellos en los que nació la Luciérnaga de Caracol, que tampoco la escuchaba porque mis amigos me divertían más.

 

Con la llegada de la ‘perubólica’, conocimos a la afamada Laura en América, la Inka Cola y ampliábamos nuestra cultura con el Show de Cristina. Esta fue la primera puerta al mundo que se abrió y nos permitió soñar con Quinceañera, Cara Sucia, Alcanzar una estrella y Muchachitas.

 

En el cine veíamos las películas de moda como E.T., Flashdance o Regreso al Futuro y, para ver en casa, –gracias al Betamax- alquilábamos las de nuestro gusto en Betatonio o Blockbuster. Ahora las plataformas como Netflix, Star Plus y Amazon Prime son las que ocupan la mayor parte de nuestro tiempo en el televisor.

 

En lugar de Google, tocaba ir a bibliotecas o a la casa de la amiga que tuviera muchas enciclopedias. Yo, por mi parte, no hacía ninguna de las anteriores y los resultados eran proporcionales a mi trabajo investigativo. El Álgebra de Baldor fue uno de los detonantes de los principales traumas que enfrentamos -como adultos- los de mi generación.

 

Aunque crecimos al ritmo de Cindy Lauper, Whitney Houston y Madonna, nuestros modelos a seguir, el rock en español fue lo mejor que pudo pasar. Charly García, Soda Stereo, Toreros Muertos, Hombres G y Los Prisioneros y, para escuchar su música, llamábamos a las emisoras, pedíamos canciones y hasta las dedicábamos. ¡Sí, qué oso!

 

Las primeras fiestas con Miniteca fueron lo mejor. The Best Megafiesta era lo más play de ese entonces. Bailábamos al ritmo de Call Me, Boys, Boys, Boys, Pump the Jam, Who’s Bad…en fin. Fui testigo del nacimiento de Crepes, Von Glacet y Burger King así como de la desaparición de Keops y La Perrada de Édgar. 

 

Cuando queríamos saber la hora, llamábamos al 17 -posteriormente 117-. En la calle siempre teníamos monedas reservadas para llamar por teléfono público y, cuando tocaba llamar a larga distancia, lo hacíamos desde cabinas telefónicas. Fue una época de telegramas, cartas y diarios. Con el beeper empezamos a ser más ubicables, con la ventaja de que se recibía el mensaje, pero, el usuario del mismo, respondía a su discreción. El celular era, en un principio, un teléfono para recibir o hacer llamadas –dependiendo del plan-. Yo era prepago…perdón -aclaro para evitar malos entendidos- estaba suscrita a un plan prepago y, por lo tanto, solo podía hacer lo primero.

 

En periodismo, para acceder a un personaje la única opción era que contestara el teléfono fijo. De lo contrario, tocaba hacerle guardia afuera de su casa o de la oficina. Las grabadoras eran un útil imprescindible para un estudiante de la carrera, así como el directorio de fuentes y la máquina de escribir Remington, la cual fue reemplazada por el computador.

 

Acceder a internet desde el celular y chatear fue todo un descubrimiento revolucionario. No sabíamos que esa era la ventana hacia la pérdida total de la independencia. Las redes sociales, ni hablar. Nunca nos imaginamos poder chatear, acceder -en tiempo real- a todas las noticias del mundo, contactar a los personajes y conocer lo que piensan. Ni stalkear o tener contacto con esos compañeros del colegio o gente que ya habíamos dejado en el olvido. En mi época, la única que se podía caer era yo; ahora la verdadera tragedia es que se caiga internet porque, con su caída, se nos acaba la vida social, familiar, académica y laboral.

 

La mayor revolución, en este medio siglo de vida, fue la pandemia, que nos recordó que, más allá de estos avances, en lo básico está la verdadera felicidad.


miércoles, 29 de diciembre de 2021

Mis deseos para el 2022


 

Por: @CamiNogales

Estamos a tres días de acabar el 2021 y yo, desde ya, comienzo a preparar mis doce deseos porque no quiero que el viernes, a la medianoche, me sobren las uvas.  

 

El primero y más importante que no es solo para mi, sino para todos los colombianos -lo que da cuenta de mi actitud poco egoísta y me hace merecedora de un mejor año que a ustedes- es la devolución de los $70.000 millones del anticipo que MinTIC le dio a Centros Poblados. Recuerden que el origen de ese monto proviene de los impuestos que pagamos juiciosamente porque, si no lo hacemos, a diferencia de estos contratistas, a nosotros sí nos cae todo el peso de la ley.

 

No quiero volver a escuchar las palabras ‘ecsenario’, ‘tatsi’, ni ‘setso’, ni leer los horrores, ortográficos y de redacción, de quienes postean en redes. Así como se esmeran con las fotos que publican, hagan lo propio con la redacción y ortografía. Esta es la imagen profesional que proyectan.

 

También exijo respeto por los fans de la pizza hawaiana, del pan de bono con bocadillo y del buñuelo con arequipe. No somos unas malas personas.

 

Pido, urgentemente, que vuelva el Té Matcha a Juan Valdez. Me rehúso a resignarme al capuchino, al latte, granizado o al americano. No quiero saber más de los ‘happycondriacos’, personas para quienes la felicidad es un deber en la vida. Bien lo resume el psicólogo Édgar Cabanas, quien asegura que la felicidad se ha vuelto "egoísta", se ha convertido en un "negocio", en "un producto de consumo". (Tomado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-59669595). Les recuerdo que la vida tiene matices.

 

Quiero un año sabático, remunerado, para dedicarme a escribir e ir a conciertos, aquí y en el lugar del mundo que corresponda. Mis mayores deseos para mi y para quienes vivimos en Bogotá son menos trancones, menos cráteres y más seguridad. Tampoco quiero volver a escuchar o leer palabras como empatía, empoderamiento y resiliencia.

 

Si no es mucho pedir, les solicito a los congresistas aprobar, en el primer periodo legislativo, el proyecto radicado por Angélica Lozano y Mauricio Toro, ‘Contratistas con derechos’. Si somos mayoría, nos merecemos una mejor calidad de vida laboral.

 

Sería bueno que también aprobaran la iniciativa del representante Gabriel Santos de reducción de vacaciones para los ‘honorables’ y de paso el de reducción de salarios, pero creo que la palabra ‘reducción’ no es compatible con sus intenciones legislativas.

 

Quiero un 2022 sin Covid, gripa, pruebas PCR, ni tapabocas.

 

Este será un año electoral en el que hay que votar para, después, no llorar, ni marchar. Voten por el mejor y no por el menos peor. Lean, investiguen, vean noticias, escuchen y habrá alguien que se ajuste a lo que ustedes consideran es lo mejor para el país. Hagan uso de su buen criterio.

 

Les deseo un 2022 con mucho amor, música, risas, salud, haciendo lo que se les dé la gana y siendo felices. Solo buenas vibras para los que me quieren, y para los que no, también. ¡Feliz 2022!

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Mi paso por el quirófano 2 (Preguntas - Respuestas)

 

Por: @CamiNogales

Ha pasado un mes y medio después de la cirugía y aún me formulan muchas preguntas al respecto. En este post responderé las más comunes y les contaré la evolución de mi recuperación. Insisto en que se trata de dejar información útil para quienes la requieran en un momento dado. Eso sí dejo la salvedad de que cada cuerpo es diferente, al igual que su reacción al procedimiento. Tampoco sé nada de medicina. Así que aquí les hablo de mi propia experiencia, que puede ser muy diferente a la suya.

 

¿Cómo se llama la cirugía?

Mastopexia de reducción.

 

¿Por qué me la hice?

Porque sí. Es un tema estrictamente personal que solo me importa a mi… Siguiente pregunta.

 

¿Cuánto duró el procedimiento?

Cuatro horas y media.

 

¿Cuánto vale?

Esa es una pregunta muy frecuente. De hecho, algunas amigas me pedían que preguntara cuánto costaba una liposucción para ellas o cualquier otra cirugía estética, inquietud que no puedo resolver porque cada cuerpo es diferente y, por esta razón, es necesaria una valoración previa del médico.

 

¿Cómo queda la cicatriz?

Es en forma de T invertida. Después de que sana completamente la herida, es preciso hacerse masajes con crema para que quede una cicatriz muy delgada. Esa etapa aún no la he empezado porque mi herida está terminando de sanar. En 15 días me darán las respectivas instrucciones.

 

¿Por qué se ha demorado tanto en sanar?

En estas cirugías hay puntos internos y externos. Los externos me los quitaron, pero el organismo me rechazó dos internos: uno a cada lado, con la mala suerte de que uno de ellos se infectó. Este es uno de los tantos riesgos de una cirugía. Son cosas que pasan y, en este caso, mi sistema inmune los rechazó. No fue necesario antibiótico. La herida se curó a punta de panela. (Después no digas que no te avisamos).

 

¿O sea que ya está bien?

Sí, pero aún debo ponerme gasas vaselinadas en las cicatrices y usar el mismo brasier postquirúrgico.

 

 ¿En qué talla de brasier quedó?

Todavía no tengo nidea. Sigo usando brasier postquirúrgico (como les dije anteriormente), incluso duermo con él. Debajo tengo gasas que me protegen. Por ahora, está descartado cualquier otro tipo de brasier. Sí es incómodo, pero pues al que le gusta, le sabe. Y no sé todavía cuál será mi nueva talla. Cada día trae su afán y, en su debido momento, tendré que ir a comprar.

 

¿Duele?

No duele. Primero porque se pierde la sensibilidad en la zona y porque mi cirujana tiene una mano muy suave. Una vez se empieza a recobrar esta sensibilidad, los puntos fastidian mucho. A veces se sienten corrientazos (no he sentido muchos) y la herida rasca. Más que doloroso, a veces es incómodo, pero no es tan terrible como uno se lo imagina. Incómodo es dormir boca arriba con varias almohadas, por eso uno de los grandes logros de la recuperación es volver a dormir de lado, pero con cuidado. (Salió en verso).  

 

¿Está feliz?

Normal, creo que aún estoy asimilando lo que me hice y todavía no me siento cómoda porque sigo en proceso de recuperación. Sí es algo que quería hacerme hace muchos años y, pues, todo es un proceso. Es un cambio muy positivo de salud física y mental. La espalda ya no molestará, mejorará la postura y me podré poner lo que quiera. Los cirujanos hacen magia con esas manos. Considero que uno también debe hacer una terapia de reconocimiento.

 

¿Cada cuánto tiene control?

A día siguiente de la cirugía, sin ganas de nada, tenía que ir a control. Durante dos semanas fui todos los días. A los 10 días me quitaron puntos intermedios, y a los 20, todos los puntos. Después, empecé a ir día de por medio para que me hicieran mis curaciones en el punto infectado. Luego “aprendí” a hacerme las curaciones e iba cada quinto día. El aprendí entre comillas se debe a que, cuando estaba sanando la herida, me hice una curación mal y no les cuento más…Por algo no soy enfermera.  

 

¿Cuándo se puede volver al gym?

En estos procesos hay que ser muy paciente. A pesar de ser una ‘paciente impaciente’, no he tenido otra opción que aguantarme porque cada decisión se va tomando paso a paso dependiendo de cómo reaccione el cuerpo. Siempre es un paso adelante, pero es largo. Cuando la doctora me dijo que eran dos meses sin ir al gimnasio, pensé que era una exageración, pero con el tiempo he constatado que no. El día que vuelva, tendré que empezar de ceros: combatir la pereza que me da porque perdí estado físico adquirido, y el ejercicio es muy desagradecido.

 

Se me olvidaba, desde la tercera semana pude volver a manejar.

 

Es que fue una cirugía grande: una reconstrucción en una parte muy delicada del cuerpo, y eso es lo que se decanta solo con el paso del tiempo. En este momento, estoy feliz porque la herida ya sanó. Mañana será otro día y avanzaré en otro aspecto. Pero esto es como la terapia del alcohólico, un día a la vez.

 

¿Se arrepiente de habérsela hecho?

En un principio uno desconoce la magnitud de lo que se va a hacer. Eso solo se va descubriendo con el transcurso del tiempo. Pero pues de eso se tratan las grandes decisiones en la vida. Si uno piensa, pierde. Esa es de las cosas que, una vez decididas, se deben hacer de una, sin mente. Lo que sí ocurre es que a veces la impaciencia me supera y quiero volver a mi vida anterior ya. Pero, como eso no es posible, debo respirar y seguir con los cuidados. Es mi salud.

 

P.D. Este es un consejo, de pura ‘sapa’ que soy. El día que usted tome la decisión de hacerse una cirugía estética, hágasela por usted mismo, no por los demás. Es un tema demasiado personal y a nadie más le importa. Esto lo digo porque he escuchado decir que se harán la lipo para que el man con el que salía, el cual no les paró bolas, las vea divinas. Y pues con lipo o sin lipo, la situación no cambiará. Es algo que uno hace solo por uno mismo. El que la quiere, la quiere; el que no, pues no.


lunes, 1 de noviembre de 2021

Mi paso por el quirófano

 

Por: @CamiNogales


El 17 de julio de 2011 escribí un post en mi Blog que se llamaba ‘Made in Rada’, en el que criticaba las cirugías estéticas, así como la falta de aceptación de los seres humanos que acudían a dichos procedimientos. Sin embargo, diez años después, durante un postoperatorio, les comparto mi experiencia sobre la cirugía que me hice. Esto comprueba, una vez más, que nada es absoluto y la vida es flexible.


Este texto no pretende ser una apología a las cirugías estéticas y mi única pretensión es brindar la información, que me hubiera gustado conocer, antes de tomar la decisión, para someterme a este procedimiento. Empecemos por el principio, la razón que me llevó a hacerme esta mastopexia de reducción – levantamiento y reducción- no es buscar ningún tipo de aceptación externa. Es más, a nadie le importa lo que yo haga con mi cuerpo. Como dicen por ahí: “mi cuerpo, mi decisión”.


Si esto hubiera pasado hace 20 años –cuando quise, pero por motivos económicos no pude -, como consecuencia de mi inmadurez, creería que, con la cirugía, se resolverían mis conflictos internos y todo cambiaría. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa, es otra cosa, y eso hoy lo tengo muy claro. Lo hice por sentirme cómoda conmigo misma. Por un tema demasiado personal y también médico en el que no me voy a extender porque aquí lo importante no soy yo, sino el proceso.


Una vez la decisión está tomada y la plata ahorrada, encontré una cirujana, 100 % recomendada. Sabía de antemano que, independientemente del precio que cobrara, no pondría mi vida en riesgo solo por ahorrar unos pesos. Al examinarme, la doctora no tuvo ningún reparo en reiterar que la cirugía era necesaria, me pidió unos exámenes y hablamos de una eventual fecha, que sería entre noviembre y diciembre.

Sin embargo, me hice los exámenes ipso facto y, durante dos noches de conversación con mi almohada, en las cuales me persiguió el fantasma del arrepentimiento, decidí anticipar todo el proceso porque el que piensa, pierde y, en este caso, perder no era una opción.

 

La cirugía


La peor tortura de una cirugía es estar en ayunas y no saber hasta qué hora se probará el primer bocado de comida. Obviamente hay que ir acompañado y, lo más importante, salir con ese acompañante. La cirugía tuvo una duración de 4 horas y media. Cuando desperté de la anestesia, me contaron que fue compleja, no entendí la razón, ni me importaba, solo quería tomar el caldo de pollo del que escuchaba hablar.


La primera noche es bastante difícil porque, desde entonces y por un tiempo prolongado,  hay que dormir boca arriba con muchas almohadas o cojines debajo. Uno sale con dos drenes –tubitos en los que se canaliza la sangre de las heridas - los cuales generan incomodidad y solo se retiran cinco días después. La anestesia tuvo efecto contrario y me dejó con adrenalina arriba, lo que me impidió pegar el ojo en toda la noche.


Tomé antibióticos durante diez días. También me recetaron Dólex, pero no hubo dolor, así que no fue necesario tomarlo. Lo cierto es que sí necesitaba ayuda para pararme de la cama e ir al baño. Al día siguiente, fui a control, estaba cansada y con dolor en la espalda. Duré dos días sin bañarme y sin poder moverme mucho. La ayuda y compañía de mi mamá fue fundamental en esos días. 


Cada noche dormía un poco más. Pero hoy, en el día 12, ya duermo en dos fases, a pesar de la incomodidad de hacerlo boca arriba.Al tercer día, ya es posible bañarse envolviendo todo lo que uno tiene, gasa, brasier y venda en Vinipel, y con mucho cuidado. A veces se sienten leves punzadas por el restablecimiento del tejido y la cicatrización. Lo demás, son efectos propios de cualquier cirugía.


El día sexto fue otro avance considerable: me retiraron los drenajes. Ya me sentía en libertad. A diario me hicieron curaciones y me envolvíeron con gasa, brasier postquirúrgico y venda. Esta última, para evitar cualquier movimiento fuerte en los taxis, por cuenta de los huecos bogotanos.  Cabe anotar que hay que ponerse, en la parte de arriba, solo blusas o chaquetas de cremallera o botones para evitar subir los brazos.


Cada día hay un avance, se pueden estirar un poco más los brazos y dar un paso adicional sin ningún tipo de ayuda. Para lavarse el pelo, es mejor ir a la peluquería porque, aunque es inconsciente, esa fuerza puede perjudicar el proceso de recuperación. El día 10 me retiraron puntos intermedios, pero hasta dentro de semana y media me quitan los demás.


Es recomendable caminar y comer saludable para que la cicatrización sea la adecuada. El gimnasio debe esperar mucho tiempo porque no es posible hacer ningún tipo de fuerza. Este es un proceso gradual, de mucha paciencia.


En el día 11 intenté manejar, pero el movimiento del timón me costó trabajo, así que esperaré unos días más. Ya estoy de vuelta en mi casa, cuidándome, sin hacer esfuerzo, pero ya me puedo valer por mi misma. Obviamente necesito ayuda para algunas cosas, pero lo básico lo puedo hacer sola sin problema.


Sobre la cirugía en sí, quiero decirles que esta cirujana es una maga. El cambio es radical. Dios bendiga sus manos por lo que hizo conmigo y lo que hace con los demás. Tiene una mano muy suave y prueba de ello es este postoperatorio que, contrario a lo que pensé, no fue doloroso.


Este es un tema de salud física y mental, y, por eso, le estoy gratamente agradecida, a ella, a su equipo de trabajo y a quien me la recomendó, porque ellos, con su trabajo, cambian vidas. Aún falta mucho tiempo en este proceso de recuperación y, por esta razón, este post continuará cuando tenga más avances para contarles. De igual forma, si tienen preguntas, no duden en hacérmelas. Lo cierto es que mi postura está mejorando y ya empiezo a pensar en ropa que, por obvias razones, no compraba y que, ahora, sí podré lucir. Aunque parezca frívolo...no lo es.

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

De vuelta al ruedo

 



Por: @CamiNogales

Tras año y medio de pandemia, trabajando en casa, en leggins y tenis, sin gastar en transporte, ni enfrentarse al caótico tráfico bogotano -que ahora está peor-, comiendo saludable, aprovechando el tiempo para llevar a cabo otras tareas no remuneradas, pero divertidas como escribir este post, y compartiendo con la mejor compañera de trabajo (yo misma); recibí una de las noticias más difíciles de enfrentar en mis años de vida: debía volver a la oficina. En mi caso particular, no se trataba de un regreso, sino de ir por primera vez, lo que hacía de este anuncio algo mucho más complejo para una primípara en potencia. 

Desde entonces, ha pasado más de un mes. Mis temores eran todos porque el Covid es el ‘Coco’ para los adultos y nos dejó llenos de miedos. Compartir con personas, hasta ese momento, desconocidas; almorzar fuera, hacer uso del baño y transporte público, y manejar por otra ruta, diferente a las usuales, me quitaron, literalmente, el sueño. 

Quién dijo insomnio y vacío en el estómago la noche antes de ir. Mi cabeza iba a mil, pensando que me iba a perder en el camino, no iba a poder parquear el carro…en fin, fue una noche larga en la que en vez de contar ovejas, cambié de pinta, mentalmente, muchas veces. Al día siguiente, manejaba con el corazón en la mano como si me dirigiera hacia el juicio final. Llegar a salvo y sin ningún asomo de extravío fue mi primer gran logro del día. El siguiente, empezar a socializar con personas que sufrieron un proceso de transformación: de ser un círculo de Teams se convirtieron en seres humanos. 

Contrario a lo que pensé, hablé más que perdido cuando aparece. Almorzar también fue un reto, que fui superando con el paso del tiempo. En principio, los días tristes, de pico y placa, pedí taxi, pero, ante la enérgica protesta de mi billetera, me vi obligada a coger Transmilenio. En este medio de transporte, los miedos se agudizaron, intenté evitar cogerme de las barandas, pero mi agilidad y equilibrio, me impidieron sostenerme en pie, por lo tanto, no me quedó otra opción que hacerlo. 

Poco a poco, paso a paso, se han ido derribando los miedos que fueron creciendo, cada día, en medio del encierro. Me cae bien el mundo, los humanos diferentes a mi familia, menos esos que no aprendieron que, contrario a lo que ocurría antes, ahora, dar la mano, es sinónimo de mala educación. 

Volver a usar mi ropa ha sido divertido aunque, debo confesar, que quedé detenida en el 2019. Parece como si mi diseñadora de vestuario fuera la misma de Anne with an E. Volví al maquillaje, aunque lo que más me gusta pintarme es la boca, tapada por el tapabocas, valga la redundancia, lo que me genera una cierta frustración. 

A la gente le veo dos caras. Por lo tanto, excúsenme si los saludo dos veces como si se tratara de dos personas diferentes: una con tapabocas, y otra sin tapabocas. Un aspecto negativo de esta nueva realidad es evidenciar la mala memoria que nos caracteriza. Cuando nos sentimos en riesgo, prometimos ser mejores seres humanos, más solidarios. Ahora, que ya nos sentimos seguros, se nos olvidaron esas promesas, típicas de borracho en cantina. 

Volver al ruedo tiene sus ventajas porque, en algunas circunstancias, la cara del santo hace el milagro; en otras, pasa lo contrario. También significa copar nuevamente mi agenda con mis dates de sábado…con el odontólogo, oftalmólogo, ginecólogo y demás ‘ólogos’. 

Sin embargo, extraño aquellos tiempos en los que no había tráfico, ni inseguridad, ni la necesidad de inventar excusas para no cumplir con compromisos porque no era necesario. Ahora, toca nuevamente acudir a la imaginación para evitar encuentros y planes que no nos apetecen, simplemente porque no se nos da la gana.  





martes, 29 de junio de 2021

Estoy mamada

 



Por: @CamiNogales

Este post nace como una necesidad de desahogo ante determinadas situaciones que han generado, en mi, un cansancio excesivo. Estos días no han sido los mejores por cuenta de la prolongación de la pandemia, el estallido social, la falta de socialización y  de esos problemas que nunca faltan, en fin…Todo este cúmulo de situaciones desencadenó en una especie de fatiga crónica y un halo de intolerancia hacia determinadas circunstancias.

La primera, como lo anoté anteriormente, es esta pandemia. Estoy mamada de ver las cifras del Ministerio de Salud sobre casos y muertes diarias, las cuales no son nada alentadoras. Esto ha producido una paranoia que limita las libertades y sale muy costosa. Se perdió el derecho a estornudar y a tener dolor de cabeza libremente. Uno solo de estos síntomas cuesta alrededor de $300.000. Uno paga dicha suma por la pérdida de la virginidad de ambas fosas nasales, a través de la prueba PCR, vía para corroborar el acecho de este virus en el cuerpo. 

Por la EPS esta prueba saldría más económica, pero se corre el riesgo de que el resultado llegue el día en que, en Colombia, alcancemos la inmunidad de rebaño. El temor y tristeza que producen miles de historias, con finales trágicos, lo convierten a uno en hipocondriaco que, al primer dolor de cabeza, procede a redactar su testamento. 

Los ‘seres espirituales y de luz’, con ínfulas de superioridad moral, me tienen mamada. Creo en la meditación, en la espiritualidad y en todas las terapias médicas que conduzcan a superar lo que no nos hace sentir bien, pero no soporto a esas personas que se creen superiores porque meditan, fungen ser felices a toda hora y presumen tener una energía superior a la de cualquier mortal. De ser así, no me explico por qué estos 'seres de luz' comparten este plano terrenal, con nosotros, los oscuros mortales. 

Hablar de política en un país polarizado es imposible. Los parentescos y las amistades pasan a un segundo plano porque los adeptos de ambos extremos asumen ser más inteligentes que los demás por cuenta de sus preferencias políticas. Sus contrarios, a su juicio, son unos completos ignorantes, con un déficit significativo de coeficiente intelectual. Esta falta de respeto y exceso de polarización hacen de las reuniones sociales un campo de batalla de alta tensión. El silencio, en medio de tanta testarudez, es la mejor opción. 

Pero ojalá la polarización se redujera solo a la política. Las discusiones y los insultos vienen también de aquellos que creen que James Rodríguez debe estar en la Selección Colombia y quienes aseguran lo contrario. De los que creen en las vacunas y los que no…Hasta el reggaetón polariza. Así las cosas, las conversaciones, sin distingo de tema, se transformaron en un deporte de alto riesgo. 

Amo las redes sociales aunque, en su mayoría, son un culto al ego. Con filtros y mensajes de optimismo y motivación, sus usuarios se alejan de la vida real. Esa que tiene altibajos, éxitos, fracasos, aprendizajes, alegrías, tristezas, días buenos, regulares, malos...Instagram es un derroche de filtros que simulan belleza, felicidad, éxito y prosperidad. Twitter es más real. A pesar de que en esta red predomina la soberbia intelectual, se percibe gente de carne y hueso, con los ires y venires propios de la vida.  

Pero lo que más mamada me tiene es el clima de Bogotá. Me asomo por la ventana, veo el sol, salgo a calentarme y empieza a llover. Las noticias también me tienen saturada pero mi ‘deformación’ profesional de Periodista, me impide vivir sin ellas. Vivo conectada a las redes, leo periódicos, escucho noticias, veo noticieros…soy una adicta y, lo peor, es que no estoy en proceso de recuperación, ni planeo estarlo. 

Estoy mamada de no poder ir a un concierto, de sufrir con la Selección Colombia, no abrazar a mis seres queridos, no ver a mis amigos, del tapabocas, de Bogotá, los bloqueos, la delincuencia, la inseguridad, estoy mamada de estar mamada y de este post de mi Blog que parece un buzón de quejas y reclamos. 



martes, 8 de junio de 2021

Sobre Alejandra Azcárate...


Por: @CamiNogales

Me tomé dos semanas después de conocer la noticia, para digerirla y escribir sobre este tema en particular. Después de leer titulares como “Esto responde Antinarcóticos por el avión con coca del esposo de Alejandra Azcárate”, “Abren indagación en base antinarcóticos por avioneta de pareja de Alejandra Azcárate” o “La narcoavioneta: el calvario que vive la familia de Alejandra Azcárate” y “El caso Azcárate”, entre otros, ver toda clase de memes, leer comentarios denigrándola, yo me pregunto qué responsabilidad tiene ella en el caso de su esposo, Miguel Jaramillo, y por qué no se alude a él, tratándose del verdadero protagonista de la noticia.

Es por esto que, cuando se habla de ese tema, nadie sabe el nombre del susodicho, sino que hacen referencia directamente a ella. No necesito ser abogada para saber que las responsabilidades son individuales y, por lo tanto, nada tiene que ver la Azcárate con lo ocurrido. Si el marido es culpable o inocente, tampoco me compete a mi, ni a nadie, diferente a un juez, establecerlo y actuar en consecuencia. Cabe recordar que “todo ser humano es inocente hasta que se demuestre lo contrario”.

Hay muchas teorías sobre la relación de Jaramillo con esa avioneta. Que la sociedad, a la que pertenece la avioneta, se había disuelto, que el marido - perdón, de tanto leer sobre el tema se me pegó lo que tanto critico en este post de no referirme directamente a él, sino al parentesco con ella - se presentó como víctima, que el avión estaba en contrato de comodato…La verdad no entiendo nada, no tengo ni el contexto, ni la idoneidad para hacerlo y, por lo tanto, prefiero callar. 

Tampoco logro entender esa cultura implacable para juzgar y denigrar de los demás, cuando pasan por momentos tan complejos. Son las autoridades las que tienen el deber de juzgar. Entretanto, a la Azcárate la están dilapidando en las redes sociales. Salieron todos sus ‘haters’ a regocijarse con la difícil situación que enfrenta, argumentando, además, que discrepan de sus posturas y les cae muy mal. Por lo tanto, consideran que gozan de la potestad de volverla añicos en redes sociales. 

Reitero que Azcárate ni siquiera forma parte de una investigación y su indudable talento es lo único que la ha llevado lejos. No en vano, se presentó en Viña del Mar frente alrededor de 15.000 espectadores y obtuvo las gaviotas de Oro y de Plata. 

Salió triunfante frente al ‘Monstruo’ de la Quinta Vergara - forma en la que, por obvias razones, se denomina al público de este festival -. Basta recordar cómo Xuxa salió llorando de ese escenario y prometió no volver jamás. Ese es el gran riesgo que se corre ante ese exigente público.  

Soy incapaz de replicar uno solo de los comentarios que he leído en contra de la Azcárate. Lo que sí me doy cuenta es que la gente auténtica, que no busca caerle bien a los demás y dice lo que piensa, es la que peor cae. Peor aún si se trata de alguien exitoso. Esta es, precisamente, una de las razones por las que estos personajes se destacan, para bien o mal. 

Lo que sí me consta, por experiencia propia, es que la gente buena no es la que busca siempre caerle bien a los demás. Esos que andan tan sonrientes por la vida, evitando decir algo impropio para ser aceptados, no son de fiar. Por algo, la diplomacia es un trabajo y la ejercen muy pocos. 

Reconozco que, en un principio, apenas leí la noticia, hice comentarios desobligantes, de los cuales me arrepentí al reflexionar sobre la situación. Me entristece sobre manera la felicidad de muchas personas por la tragedia ajena, sobre todo, de figuras públicas. Aunque también ocurre con figuras no tan públicas. 

Recuerdo mucho a una persona con quien trabajé que se molestaba cuando me pasaban cosas positivas; pero cuando se trataba de algo malo, ella desbordaba felicidad. ¡No lo disimulaba! Eso es más que envidia. Es una enfermedad de la cual desconozco su nombre. 

Lo cierto es que, a pesar de que no conozco a Alejandra Azcárate, le manifiesto mi solidaridad y comparto la indignación por ese ultraje de palabras de las que ella ha sido víctima desde que se conoció esta noticia. Nada tiene que ver ella con lo que está pasando, ni le quita lo que se ha ganado con su experiencia, honestidad, talento, éxito y desparpajo.