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lunes, 23 de enero de 2012

Mi primer intento de Stand Up




Mi blog Bobaditas Varias cumplirá dos años en mayo y tal como lo dice su nombre no he escrito sino maricadas. Ha sido un ejercicio divertido, pero nada fácil porque su redacción, no solo me obliga a acudir a la memoria, sino a usar mi creatividad. Además, el prójimo que siempre está en todos los textos no siempre se pone feliz de que lo lance al estrellato, léanse mi mamá y mi hermana, que salen a relucir en la mayoría de los textos.



En cambio a los demás los mantengo en el anonimato porque un amigo puede ser cualquier persona, pero mamá y hermana solo son unas así que, casi siempre, llevan del bulto.  El primer texto que me llevó a crear este blog se llama ‘Mi testamento’, lo inspiró la muerte de un ser muy querido que, aunque me dolió en lo más profundo de mi alma, me indignó totalmente ver los diferentes comportamientos humanos en la funeraria. Por eso concluí que, cuando me toque mi turno, me reservaré los derechos de admisión. Esa es la instrucción perentoria a mis familiares.

Pero los que decidieron reservarse los derechos de admisión antes de tiempo fueron los de  Comunidades Semana y me tocó coger mis corotos, o sea mis posts, y trastearme a Comunidades Blog. Así las cosas, perdí las estadísticas de las visitas que, aunque no lo crean (ni yo tampoco), ya eran representativas.

Después un gran amigo y webmaster me motivó a conseguir mi propio dominio y, desde julio de 2011, nació http://caminogales.com. Fue un parto natural y sin dolor y, desde entonces, esa es mi niña consentida.

A partir de ese momento, se me metió en la cabeza darle vida a esas historias locas vividas que tanto me han inspirado, pero no tenía tiempo, tampoco lo sacaba y temía correr el riesgo de hacer semejante oso.

En el camino me encontré con muchos amigos (o enemigos) que me alentaban a hacerlo, pero eso solo quedaba en palabras de borracho al día siguiente. En noviembre finalicé un proyecto de todo un año, bueno…para ser honesta me finalizaron, pero aclaro que no fue por incompetente porque salí con honores. Por lo tanto, pensé que en mi tiempo libre iba a empezar a escribir un monólogo que luego lo adaptaría a un show de stand up comedy. Mis amigos más cercanos que conocen todas mis locuras, incluso esa idea, me apoyaron, pero yo no salí con nada, puro bla bla bla.

Hace dos semanas vi una convocatoria del Festival Iberoamericano de Teatro para diferentes artistas, entre esos exponentes de este género y una fuerza superior me impidió pensar y solo actuar. Conseguí quién me alcahueteara este trabajo y empezamos de una a adaptar apartes de mis posts para plasmarlos en un video de 15 minutos y logramos nuestro primer intento para alcanzar a presentarme a esta convocatoria.

El proceso fue divertido, pero nada fácil. Primero libretos y luego actuarlos…¡ah y qué me dicen de la memoria! Nadie valora este trabajo que es implacable y debe salir perfecto. Yo creo que desde las tablas de multiplicar no ejercitaba la memoria, así que fue un trabajo de mucha paciencia, no solo mía, pero salió.

En este momento estoy tratando de superar la pena que me da y ser consecuente con esa decisión, pero no es fácil. He recibido toda clase de comentarios, algunos benévolos teniendo en cuenta que es mi primera vez…”Sí, la primera, a pesar de la edad”, pero otros más críticos lo que me parece perfecto porque ya entrada en gastos, no tengo otra opción que trabajar hasta perfeccionarlo. Eso sí, aclaro que todas estas críticas han sido con el mayor cariño y así las he recibido. Ahí perdonarán los comediantes por lo que verán, espero que entiendan que soy una aprendiz y recibo, además de palo, muchos consejos.

Con este post de mi Blog que, por cierto, es el número 40, desafío la vergüenza que me da y lo subiré para que lo juzguen. Eso sí, prometo seguir trabajando y puliéndolo hasta perfeccionarlo y ustedes serán testigos de otra de mis locuras.  





lunes, 9 de enero de 2012

Cortes de pelo


Por: @CamiNogales




Desde que nacemos hasta que morimos el pelo sufre, al igual que nuestro cuerpo, de muchas transformaciones. Además, estos cambios están sujetos, en algunas ocasiones, al estado de ánimo, al mantenimiento del mismo o al desparche en el que nos encontremos.

En los primeros años de vida no somos autónomos para escoger el corte que más se ajuste a nosotros, ni el peluquero, ni el día en que debemos ir a la peluquería. Les confieso que mi mamá sufrió mucho, con esta hermosa neonata, a la que le salieron muchos pelos monos, pero de una textura demasiada delgada, los cuales se enredaban entre el parietal y el occipital, y se asemejaban a una esponjilla insertada en la parte posterior de la cabeza. Misión imposible era intentar desenredar este pelo, relata mi progenitora, quien dijo que la solución fue llevarme a la peluquería para que me cortaran ese Bom Bril de mi cabeza.

A eso de los ocho años, tenía el pelo largo, pero éste seguía siendo algo escaso, así que mi mamá quería calvearme. Conjugo el verbo querer en pretérito imperfecto porque ella no lo logró, pues a pesar de mi corta edad, me rebelé. Es que cómo se imaginan que iba a llegar como una bola de billar al colegio. ¿Para que me la montaran? Era chiquita, pero bobita tampoco. En ese entonces, mi pelo se mantenía en perfecto estado porque sólo me lo lavaba los domingos, que era el consabido día de baño.

Siempre mantuve mi pelo largo con capul, lo que me permitía hacerme dos colas como las de la Chilindrina: sí, una arriba y otra abajo, cogerme hebillas, media cola, una cola, en fin...como el pelo crece tan rápido, el capul hay que cortarlo constantemente para poder ver porque, de lo contrario, esos pelos impiden disfrutar en su totalidad del sentido de la vista.

Eso no tiene nada de malo, pero ¿por qué, en lugar de llevarme nuevamente a una peluquería, mi mamá tenía que ponerme en manos de mi abuela que no era precisamente una estilista? Bonito el capul de burro y disparejo que me dejó. Lo peor, es que la constancia quedó en una foto para la posteridad del colegio en el que estudiaba. También tuve una totuma en la cabeza, pero les juro que me veía divina.

Bueno, pasaron los años y con ellos la autonomía para hacer con mi pelo lo que se me diera la gana. Mi corte era normal, lo tenía parejo y con capul y me peinaba de diferentes formas. Pero de repente empecé a darme cuenta que el corte le imprimía un sello especial a la personalidad. Así que, cuando cumplí 15 años, en lugar de dejar mi pelo largo para que me hicieran un peinado femenino, opté porque me lo cortaran como una piña y si se preguntan cómo era el corte, pues miren una piña e imaginénselo.

Luego, me dejé crecer el pelo pero quería un nuevo cambio. Así que me hice la permanente, pero quedé inconforme con el color. Quería ser mona, entonces lo logré con un líquido que ni siquiera era tintura sino una mezcla de agua oxigenada con amoniaco. No logré mi objetivo, porque quedé más bien color zanahoria. Lo importante es que yo me sentía divina, a pesar de que el pelo se me encogió y me quedó debajo de las orejas y bien espantado. En ese entonces me podían llamar Camila Goldwyn Meyer.

Eso no bastó, me corté el pelo en capas, corte que incluía la patilla bien cortica que contrastaba con la parte de atrás larga. Sí, estilo Jorge Bermúdez, alias ‘El Patrón’. También fui toda una Virgen de Pueblo con esa ‘greña’ casi hasta la cintura y totalmente pareja. Por lo general, siempre tenía un corte normal, pero un punto de giro en mi vida, determinaba un cambio en mi look, que no siempre era favorable.

Por eso no era difícil decir ya vengo, y volver, después de tener el pelo largo, como un niño, sin importar si se me veía bien o mal, como le pasó a Britney Spears cuando optó por calvearse. Se trataba de una acción completamente liberadora. O cambiar de color de pelo castaño a un rojo incendio, o pintarme solo un mechón. Estas decisiones tenían un trasfondo que sólo conoce cada uno de los peluqueros por los que he pasado, pues es en su lugar de trabajo donde uno deja regada toda su vida personal.

Recuerdo a la perfección que tenía como 14 años cuando fui a una peluquería con mi mejor amiga y estaba Armando Gutiérrez (el actor). Además de la emoción que nos produjo conocer a alguien famoso, nos hicimos ‘amigas’ de él y le empezamos a hablar de nuestras tragas de la época. Fue tal la lora que, cuando se iba, nos dejó una servilleta firmada a cada una con el nombre de su respectivo amor.

Aunque la relación con el peluquero es efímera, es como la de un cura con el feligrés cuando se confiesa o tal vez más estrecha porque, por lo menos, es sincera. No sé qué tienen ellos para que, paralelo al cambio que se quiere tener, uno les cuente todos los detalles de la coyuntura actual de la vida sentimental, financiera, laboral y familiar.

Lo que si sé es que cada vez que quiero cambiar algo en mi vida o que simplemente ese cambio se da, queriéndolo o no, salgo corriendo a donde mi peluquero, donde me hago todos los cambios y además me someto a una terapia más efectiva que la de un psicólogo en la que les deja poco espacio para opinar después de semejante monólogo que les interrumpe su labor, pero que ellos ya saben cómo capotear.

Aún he querido hacerme mil locuras, pero mi peluquero actual es demasiado profesional y me impide satisfacer mis caprichos momentáneos, me hace cambios pero que me luzcan y no acordes con mi estado de ánimo algo ciclotímico a veces, por eso, aunque sé que quiero hacerme un cambio extremo, como los que me hacía en mi adolescencia, seguiré bien puestecita porque mi peluquero así lo decide.   

lunes, 26 de diciembre de 2011

¿El amor 'locura' todo?


Por: @CamiNogales



Desde el origen del hombre y el surgimiento de tantos filósofos a través de la historia, ninguno ha podido definir lo que es el amor.  Me puse a la tarea de buscar en google qué es el amor y miren lo que me encontré: “El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres”. ¿Les quedó claro? Si es así, amamos hasta el mosco de la esquina porque afinidad la tenemos con cualquiera.  

También encontré que “el amor es toda la fuerza que te ayuda a realizar algo imposible, es lo que te hace soportar penas y dolores, el amor es lo que te da la capacidad de perdonar al prójimo”, pero tampoco quedé satisfecha con esa definición.

No son mariposas en el estómago, ni la felicidad, ni la tristeza absoluta, es algo que les pasa a todos los seres humanos y que ninguno es capaz de definir. Pero bueno, no me voy a poner romanticona, simplemente me he dado cuenta que es un término tan relativo que está estrechamente ligado a la realidad de cada persona. Evidentemente no me voy a referir acá al amor filial, sino al de pareja.

El primer acercamiento de una mujer con el amor es con el ‘Príncipe Azul’ de los cuentos de hadas y nadie se imagina el daño que nos hicieron porque pasamos el resto de la vida intentando conocerlo y creo que moriremos sin lograrlo porque, simplemente, no existe. Una de las pocas que alcanzó ese objetivo fue la princesa Letizia, pero vaya uno a saber si el Príncipe Felipe es tan azul como el de la Cenicienta o si resultó igual a su papá, el Rey Juan Carlos, que le ha dado más de un dolor de cabeza a la reina Sofía por cuenta de su gusto por las mujeres y la dificultad de alcanzar su madurez, a pesar de sus escasos casi 74 años de edad.

Pero bueno, independientemente de la controversia que suscita la existencia o no del Príncipe Azul, que puede ser verídica al principio pero que, por azares de la vida, se convierte en sapo; lo cierto es que, a través de la vida, de acuerdo con nuestras experiencias o la de nuestros amigos, vamos conociendo distintos tipos de amores.

En la adolescencia es donde se descubre al amor de la vida. No importa la duración del mismo, puede ser de una hora o de varios años, el resultado va a ser el mismo: ese es el amor de la vida, el cual deja de serlo apenas se conoce a otro amor de la vida.

Todos saben que el amor es irracional, pero también existe el racional como el de la mamá de una amiga que confesó que se casó con el papá de la misma simplemente porque ya estaba en edad de hacerlo y él apareció en su vida. Ella prometió quererlo con el tiempo, pero no dejarlo ir porque, posiblemente, esta sería la última oportunidad para acabar con la soltería.  Hoy tiene hijos, es abuela y sigue con su esposo, si lo quiere o no, ya no es el asunto, finalmente construyó su familia que era su principal objetivo en la vida.

De otro lado está el amor etílico que es producto del embellecedor. Lo malo es que es fugaz porque se acaba con el despertar y el guayabo del día siguiente.

Hay un amor masoquista y es el de algunas mujeres que son víctimas del maltrato de su pareja quienes, cuando alguien se acerca a defenderlas de semejantes golpizas, ellas insultan al susodicho por intervenir en una pelea que no le compete. Asimismo, el grado de amor del hombre hacia la mujer se mide por cuenta de los remedios que el victimario le suministra para sanar los golpes propiciados la noche anterior. “Tan divino, me compró una pomadita para el ojo (morado) y me puso hielo en la boca”. No se rían, este lamentable caso es real y la frase, textual. Aquí se aplica, literalmente, el dicho que dice “porque te quiero, te aporreo”.

Sin embargo, hay otras mujeres que soportan estas humillaciones y toman venganza como Lorena Bobbit que, después de aguantar el maltrato de su novio, no tuvo ningún reparo en cortarle su herramienta de trabajo como venganza por el mismo.

Hay otra clase de amor que tiene mucho que ver con el nombre del anterior, pero es el compartido. Es el del esposo cachón, cuya pareja se hace la desentendida de lo que pasa porque simplemente no lo quiere perder, así que todo el mundo se dará cuenta de las infidelidades, menos ella que se hace, literalmente, la loca frente a esta realidad. Bueno, yo diría que no se hace la loca, sino que más bien lo está para soportar semejantes cachos en su cabeza. 

El amor criminal es el de Valerie Domínguez. Así lo afirmó ella misma: “Que me condenen por el delito del amor”. Todo esto por cuenta de un crédito de Agro Ingreso Seguro que le firmó a su exnovio y por el que le imputaron el  cargo de falsedad ideológica en documento privado por la concesión irregular de donaciones no reembolsables de ella y de su flamante pareja, Juan Manuel Dávila. En ese mismo sentido, podría decir que el amor suertudo fue el de Katerine Porto, pues Dávila la cambió por Valerie y, como consecuencia, se salvó de semejante bollo.

Cuando se habla de que entre el amor y el odio no hay sino un paso, no se trata de una exageración, sino que es real. ¿Acaso de dónde creen que viene la inspiración para la letra de una canción como “La rata de dos patas”? “Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho, infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho…”  o la de “Tú eres la chancla que yo dejé tirada, en la basura a ver quién te recoge. ¡Ingrata, fea, piojosa, greñuda!”

¿Pero será que el amor es como lo afirma Tito el Bambino? “El amor es una magia, una simple fantasía, es como un sueño y al fin lo encontré. Es como una luz que se esparce por el alba, libre corre como el agua, hasta que llega al corazón”. Suena muy bonito y muy poético, pero…somos tan humanos que este sentimiento tan puro se siente al principio de la relación, antes de descifrar la imperfecta humanidad del otro. En fin…creo que después de describir unos cuantos tipos de amor, quedé en las mismas, es más me confundí y estoy peor que al principio. El hecho es que, no importa cómo concibamos el amor, sin él no podemos vivir. Si el amor 'locura' todo o no, pues me quedo con la segunda respuesta porque si no, nadie se enfermaría. Pero sí es una 'locura' porque bajo su efecto somos incapaces de actuar racionalmente. 

lunes, 28 de noviembre de 2011

Las corbatas



Por: @CamiNogales



De acuerdo con la Biblia de Internet, Wikipedia, una corbata es “un complemento de la camisa, que consiste en una tira, generalmente hecha de seda o de otro material que se anuda o enlaza alrededor del cuello, dejando caer sus extremos, con fines estéticos”, la cual es generalmente de uso masculino. Las hay de distintos colores, estilos y marcas pero todas ellas tienen un denominador común.

Mi definición sería más simple: un accesorio para hombre. Sin embargo, después de esta introducción, siento desilusionarlos porque no hablaré precisamente de esta prenda de vestir, sino de otro tipo de ‘corbatas’ que se encuentran en el lugar de trabajo, especialmente, en el sector público.

Yo me pregunto por qué se les llama corbatas. Para responder a esta pregunta, me remito a mi definición y acudiendo a los silogismos deduzco que son simples accesorios que adornan las oficinas. Aunque no lo crean, de esos hay por montones y, lo peor de todo, es que tienen el tótem de la inmunidad y no podrán ser despedidos de su lugar de trabajo, a pesar de su ineficacia, ineptitud y su escasa voluntad.

Algunos se creen divas y como tales hacen exigencias para poder realizar su trabajo. Si por algún motivo tuvieron que trasnochar trabajando, no los esperen al día siguiente antes de las 2:00 p.m. porque deben recuperar el sueño perdido la noche anterior. Si el jefe les hace algún reclamo, no tendrán ningún reparo en presentarle ese mismo argumento con toda la desfachatez del mundo.

Tampoco se extrañe si pone a hacerle un trabajo después de las 6:00 p.m. porque, probablemente, acuda al plagio y cuando lo descubra, tampoco lo negará. ¿La razón de dicha actitud? Pues era obvia…cansancio.  Lo peor es que, al ser descubierto, ni siquiera se sonroja y reacciona altivamente.

La peor ofensa para una corbata no es, precisamente, un ‘madrazo’, sino ponerla a trabajar. Pero bueno, a ese tipo de corbatas, que no son Hermés, se les debe agradecer por asistir al lugar de trabajo porque hay otras ‘fantasmas’ que sólo aparecen el día en que se firma el contrato y, si no tienen mensajero, a finales de mes para pasar su cuenta de cobro con el reporte de actividades. Lo que no comprendo es qué escriben en dicho informe o…¿será igual de fantasmático a ellas?

Tampoco se arriesgue a exigirles un poco de esfuerzo porque a cambio puede ganarse una demanda de acoso y explotación laboral y, pues, con justa razón. Si están haciendo trabajos de la universidad, navegando en Facebook, viendo videos y repasando las novelas de la noche anterior, no se le ocurra interrumpir. Respete.

Y si llegan con un trabajo mediocre, agradezca…por lo menos trabajaron. Sin embargo, hay un día al mes en el que todas sus capacidades ocultas salen a flote y es antes del 30, porque obviamente no esperan el último día para hacer los trámites de la cuenta de cobro. Qué diligencia para llamar y preguntar al área administrativa y financiera con el fin de radicar este documento y evitar la devolución del mismo, cuya suma es alta pero contrasta con el informe de actividades mensual que se asemeja a un informe semanal…y eso.

Estas corbatas siempre serán las mejor remuneradas y nunca serán despedidas y tampoco se les medirá por su rendimiento laboral, así que si usted no pertenece a este grupo, no critique…sólo laméntese porque le tocará trabajar el doble o a veces el triple, dependiendo del estilo de corbatas que tenga a su alrededor, y le pagarán la mitad de lo que ellos devengan.

Además, en el momento menos pensado, más temprano que tarde usted será el despedido de su trabajo…con todos los honores, pero desempleado al fin y al cabo. Entretanto, ellos seguirán ahí a paso lento, pero seguro.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Me gocé el concierto de Don Tetto


Por: @CamiNogales

Todo comenzó a mitad de año, apenas me enteré que Don Tetto, mi grupo de rock colombiano favorito, ofrecería un concierto en Bogotá. Intenté conseguir compañero, pero mi esfuerzo fue en vano. Es más, a quienes les vendía éste como uno de los mejores conciertos de artistas colombianos, se burlaban no porque dudaran del talento de sus integrantes, sino de mi gusto musical adolescente a pesar de estar más allá del tercer piso.

No conseguí quién me acompañara, lo que no fue un obstáculo para comprar la boleta, ubicada en platea, porque quería ver de cerca su show. Aunque, después de tomar esa decisión, fui objeto de burla de varios amigos, no me importó porque ya estoy lo suficientemente madurita para ser consecuente con mis gustos, independientemente de la opinión de los demás.

La música de Don Tetto me encanta y, además, su espectáculo era innovador. DT 360… ¿Qué significaba eso? Pues que sus integrantes girarían y desde cualquier parte del escenario del Palacio de los Deportes se podría ver a cada uno de ellos.

Llegó el día y me puse pinta juvenil para no desentonar en el lugar. Pantalones negros anchos con muchos bolsillos, esqueleto, saco y tenis. A eso de las 4:00 p.m. salí feliz y, veinte minutos después, esta felicidad se empañó por cuenta de un pequeño detalle: no es suficiente con comprar una boleta para un espectáculo, es necesario llevarla porque, de lo contrario, se corre el riesgo de no poder entrar al mismo.  

Por lo tanto, en pleno aguacero novembrino, me tocó devolverme a mi casa. Fueron siete largas cuadras en las que me dí un duchazo que fácilmente justificarían mi falta de baño en lo que resta del año. A pesar de quedar como un pollo para estar a tono con los ‘polluelos’, llegué a mi casa, me cambié y recogí la boleta.

Finalmente llegué al lugar a hacer fila y como llovía y tenía sombrilla grande de mamá, me aproveché de esta arma para conseguir amigos en la fila. Así lo hice, el problema es que al niño que cobijé se le comieron la lengua los ratones y ni siquiera dijo ‘gracias’.

Intenté armarle conversación diciendo “qué aguacero, ¿no?” pero creo que esos códigos sólo sirven para hacer amigos contemporáneos en la fila de un banco porque no tuve éxito y apenas el polluelín, de más o menos 16 años, encontró la oportunidad, se salió del paraguas, sin agradecerme y me dejó como llegué: sola.

Luego entré al Palacio de los Deportes y gracias a la Blackberry aparentaba estar muy ocupada. Mi ocupación era twittear y narrar cada momento del concierto. Aparenté ser experta en música y ‘supuestamente’ descifré el secreto del 360. Digo ‘supuestamente’ porque así fue y no cuento más porque tampoco se trata de desprestigiarme a mí misma en mi propio blog.

Allí había de toda clase de jóvenes (esa palabra ‘jóvenes’ me suena a que fue dicha por mi tía). Desde el más nerd, hasta el más alterno. Hubo tres que llamaron mi atención: dos con el torso desnudo y con pintura amarilla y anaranjada que tenían en su pecho un letrero que decía “Don Tetto” y otro “yeahh”. Menos mal ya no tengo 15 años porque si así fuera, hubiera hecho topless para exhibir esos mismos letreros en mi cuerpo.

A otro no le pude quitar el ojo porque tenía unas candongas verdes, grandes y gruesas. Yo era la única que lo miraba, así que creo que era normal, pero, para mí, por obvias razones, no lo era tanto.

De pronto, una niña se acercó y me dijo: “señora, por favor ¿me vende un minuto?” A pesar del tan odiado “señora” fui muy gentil y le respondí que con mucho gusto. Ella me explicó que debía llamar a su mamá para que le llevara su tarjeta de identidad porque un policía la había regañado. Luego, me preguntó que a quién iba a acompañar y yo le dije que a nadie que estaba sola e iba a disfrutar mi concierto.

Ella, con risa burlesca, pero muy generosa a la vez con la tercera edad, me invitó a hacerme adelante al lado de la Tettomanía (club de fans de Don Tetto). Le agradecí su gesto, pero opté por quedarme atrás. Sabia decisión porque segundos después cantaban: “Somos Tettomaniacos de corazón. Estamos en DT360 porque Don Tetto es lo mejor”.

Pero mi consuelo fue un señor, estoy segura que mayor que yo, quien tenía una camiseta negra que, en letras blancas, decía: “Para jóvenes más activos Don Tetto te pone a brincar en la casa”.

Sí, lo reconozco eran pocos adultos que asistieron al concierto y quienes lo hicieron, por lo general, acompañaban a sus hijos o sobrinos, pero eso no me impidió disfrutar al máximo. Así que cuando empezó, todos nos volvimos pares, ya no había diferencia de nada porque yo me sabía todas las canciones y salté y bailé toda la noche, al igual que ellos. Desde entonces, pasé desapercibida.

Aunque hubo un atentado contra el órgano principal del aparato circulatorio, léase mi corazón. Cuando, de repente en una canción (Adicto al dolor), un grupo de peques comenzaron a ‘echar puño y pata’. Mi mecanismo de defensa fue saltar para atrás, pero no se trataba de una pelea, ni nada por el estilo, era un simple 'pogo' del que debí formar parte para que quienes estaban a mi alrededor me miraran con más respeto.


Lo cierto es que disfruté sola de este concierto. Amé el rock colombiano y, especialmente, a este grupo, conformado por unos muchachos que componen, cantan y tocan como si fuera el último día de sus vidas.

Qué talento tan impresionante y qué humildad. Estoy segura que, quienes se burlaron de mí, tendrán que callarse por un buen tiempo porque este grupo colombiano se está internacionalizando. Y yo feliz porque apoyé lo más bello que tiene nuestro país: la música. Así las cosas, me gocé el concierto de Don Tetto.

lunes, 17 de octubre de 2011

Qué borrachera


Por: @CamiNogales

Qué borrachera

“Del cielo cayó una teja mató una vieja; cayó un palito, mató un viejito; yo te bendigo trago bendito, suave licor, dulce tormento qué haces afuera, echa pa’dentro”. Aunque parezca difícil de recitar, tómese par traguitos y verá que, al tercero, ya lo dice sin ninguna ayuda.

Pero bueno, antes de tomárselos le sugiero leer este post que, tal vez, lo haga cambiar de opinión y salir a buscar un juguito de mora como el que se tomaba Betty la Fea o una bebida similar, sin ningún contenido alcohólico. Porque a mí no me vengan con cuentos de que “yo soy un borracho chévere, no soy mamón, soy divertido…” Falso de toda falsedad: borracho es borracho.

Aunque haya una canción que dice “Borracho no vale, no señor” pues espero que mi mamá haya pensado así la primera vez que me recogió en la casa de una amiga y me encontró sentada en el excusado, después de tomarme no sé cuántos aguardientes por primera vez en mi vida.

Apenas la vi, me paré, la abracé y por primera vez le dije, con el alma y lágrimas en los ojos, que la quería mucho. Ella, por su parte, parecía de piedra, no se inmutó y, por el contrario, me miraba con cara de pocos amigos. Yo sé, para ella no fue nada divertida esa muestra de afecto en ese estado, en el que tuvo que hacer algo que sólo hace una madre con un hijo en sus primeros años de vida: alzarme. Definitivamente, mamá sólo hay una.

Pero bueno, esta no es una oda maternal sino un memorial de agravios para aquellos que han consumido alcohol en exceso y han perdido temporalmente sus capacidades físicas y mentales por esa misma razón.

Levante la mano el primero que tenga un buen recuerdo de algún acto cometido bajo el efecto del licor…todo lo contrario ¿verdad? Pues un borracho no conquista, acosa; no molesta, jode; no habla, da lora; no es chistoso, sino ridículo…

A decir verdad, hay un borracho que me gusta y es el que tiene alma de traqueto. Sí, ese que, a pesar de no tener plata, la saca de donde sea para gastarle a todos sus compañeros de rumba. “Pidan lo que quieran”: y él no se imagina la magnitud de esta frase que le traerá dolores de cabeza al día siguiente no sólo del guayabo, sino del hambre que le dará después de gastarse la plata del mercado.

Aprovecho para darles un consejo a las mujeres. Si un hombre les declara amor infinito, eso significa que sólo les gusta un poquito. Es decir, como le enseñaron en el colegio, sustraiga solo la idea principal de la lora que le echaron porque, si se la toma al pie de la letra, lo espantará al día siguiente.

Entonces por favor al otro día absténgase de llamar a decir “hola, mi amor” como si fueran casi marido y mujer. Esperen a que él aparezca porque lo puede asustar como le pasó a un amigo que no sabe si se despertó con novia o no.

Lo cierto es que, ante la intensidad de las llamadas esa mujer, no contesta el teléfono y le da mayor guayabo moral, pues él no sabe el grado de compromiso adquirido la noche anterior. Tampoco decidan darle el sí a un hombre que se lo ha estado pidiendo todo el tiempo porque lo más seguro es que se quede dormido o que, simplemente, no funcione.

En general, las características de un borracho son similares: niegan que están borrachos; dicen que son capaces de hacer el cuatro y, al hacerlo, obviamente, tambalean; aseguran que sólo están un poco prendidos y son de ambiente siempre. En fin, justifican cada uno de sus actos como si fueran normales, pero lo que no saben es que los diferentes rasgos de su personalidad se acentúan bajo el efecto del licor.  

Algunos desnudan su alma y su corazón ante el primero que se aparezca en su camino, le cuentan la historia de su vida y las desdichas de la misma. Pero bueno, es más sensato desnudar el alma a desnudar el cuerpo delante de todo el mundo, como le ocurría a una vieja que evitaba tomar porque, como cosa rara no daba lora, pero sí tenía alma de stripper y se quitaba la ropa.

Al hablar del ‘tropelero’ es imposible olvidar la fiesta de 15 años de mi hermanita que fue un éxito total porque terminó en pelea. Vale la pena recordar que fiesta sin tropel no era exitosa. Pero la causa de dicha pelea fue nada más y nada menos que, el ‘tropelero’, le dijo, para buscarle pelea, a uno de los asistentes, que tenía un peinado estúpido y hasta ahí llegó la dichosa fiesta porque con semejante insulto no era para menos.

Tampoco falta el irresistible que cree ser el centro de atención de todas las viejas, quienes, de acuerdo con su percepción, le están echando los perros. Por lo tanto, él les sonríe con una fina coquetería que los lleva a hacer el ridículo o ganarse un puño del novio de la susodicha.

Pasar una tusa con licor es lo peor para el que toma, su compañero y el causante de dicho mal. Pues el / la entusado (a) no para de llorar y hablar del mismo tema, su compañero no tiene alternativa diferente a seguir tomando para interesarse en el monólogo y el causante debe apagar el celular, al igual que sus amigos porque, de lo contrario, a partir de la 1:00 a.m. las llamadas se repetirán constantemente y, si contesta, sólo escuchará lamentos, gritos y lloros.

El alcohol además atenta contra el buen nombre de las personas y puede terminar con una carrera. Esto le ocurrió a un profesor en la universidad que, bajo el efecto de unos cuantos guaros, se rumbeó a la más fea del salón y, desde entonces, a pesar de su profesionalismo, perdió credibilidad en la clase donde los alumnos le cantaban la canción de Proyecto Uno: “yo no soy grillero”.

¿Se acuerdan de la letra? “Un poquito de cerveza, se parece a Gloria Estefan, un traguito de ron, she looks like Sharon Stone; un poquito de ginebra, se parece a Madonna, y un vinito tinto la Janet Jackson y yo. Cinco copas de champagne, como Bibi Gaitán, una botella de aguardiente...pues parece a Shakira”. Pero eso no sólo aplica para los hombres, sino también para las mujeres porque el embellecedor hace de las suyas sin distingo de raza, sexo y edad.

Además, atenta contra la vanidad femenina porque el maquillaje se corre, los ojos se desvían y, en algunos casos, se devuelven atenciones. Por eso hay que prestar atención a lo que se come en el día para evitar lo que le pasó a una compañera, que devolvió una papa enterita.

El espacio no me alcanzó para abordar todas las clases de borrachos, pero un amigo me ayudó con las principales. El desaparecido es el típico que se quedó dormido, por lo general, en el baño; el cariñoso que les declara el amor a todos sus 'mejores amigos'; el cantante que, a pesar de hacerlo desafinado, se sabe todas las canciones y las canta con el alma, y el payaso es el único que se divierte de sus presuntos chistes.

A quienes decidan no tomar, pero salir con borrachos les recomiendo llevar tapones de oídos y una sombrilla porque, en el parche, no falta el que habla a puro grito y escupe todo el tiempo. Y si decide hacerlo es mejor que se enlagune. Esas lagunas mentales del día siguiente no son tan malas como creen. Así como dicen “ojos que no ven, corazón que no siente” “borracho que se enlaguna, no se acuerda de nada y, por lo tanto, no siente”…en fin, esa es la idea. O para evitar cualquiera de estas situaciones tómese el jugo de mora en agua o en leche. Usted decide.  

domingo, 2 de octubre de 2011

Hombres: ¿Todos son iguales?


Por: @CamiNogales

La verdad estoy en total desacuerdo con que todos los hombres sean iguales: los hay de diferentes edades, colores, estratos, personalidades y mañas, diversificación que impide generalizar. Hice el intento de clasificarlos y sé que muchos se quedarán por fuera, pero aquí van.

El feo convencido es el que les echa los perros a todas e interpreta cualquier señal de la mujer como reciprocidad a sus sentimientos. Si ella lo ve y se ríe, él no va a pensar que se esta burlando, sino que está nerviosa. Si le huye y no acepta ninguna invitación, piensa que ella lo está evadiendo porque sabe que cuando estén solos, caerá en sus redes. Si él le acaricia el cuello o la abraza y ella se retira, piensa que ella se quita, no por fastidio, sino porque después de semejantes caricias no responde.

El papacito vive hablando de sus miles de conquistas y la mujer debe agradecerle por hacerle el ‘favorcito’ y, pues, la verdad, dicho agradecimiento no está de más como para que se repita esta oportunidad. Además, desde chiquita me enseñaron que cada vez que me hagan un favor debo decir “gracias” y bien educada sí soy.

El viejito con plata no está nada mal, pues el alma de las personas es un embellecedor. (Sí…como no). Es el típico pensionado, separado, con mucha plata, pero sin pareja. Ofrece el oro y el moro a cambio de compañía porque ya ha perdido el pudor para hacerlo. Camioneta BMW X 5, apartamento, viajes y hasta dejar de trabajar… que más pedirle a la vida, pero el problema ocurre cuando uno se imagina las buenas noches y los buenos días, mejor dicho, dejemos así y sigamos trabajando.

El que lleva como 20 años casado y le gusta cualquier escoba con faldas que se asoma. Cada vez que ve a una de ellas grita: “¡Ahora sí, me separo!”. A todas les escudriña su delantera y su retaguardia y, en lugar de hombre casado, parece un adolescente virgen.
Pero peor que este tipo de hombre es el edípico. Sí, aquel que, en silencio, vive enamorado de su madre, pero lo que no se da cuenta es que su amor salta a la vista. Para tener una relación con este hombre, las mujeres deben tener mente abierta porque lo que les espera es un trío tormentoso compuesto por novio, novia y mami. Por su relación tan estrecha con el hijo, esta última siente el derecho de intervenir en las peleas conyugales y defiende a su hijo ‘a capa y espada’ de lo que la ‘bruja’ de la novia, que siempre será inferior, está haciendo con él. Definitivamente, mamá sólo hay una y suegra también.

Dícese de los misóginos que son los hombres que “odian a las mujeres, manifiestan aversión hacia ellas o rehúyen su trato”. Es tal el odio que las viven maltratando por el simple hecho de existir y a todas las hacen sufrir. Lo triste del asunto es que fijo se le acerca el prototipo de mujer a la que le enseñaron desde chiquita que eso es amor: “porque te quiero, te aporreo”, así que siempre consiguen a sus víctimas, que valoran estas muestras de amor.

Además del misógino, está el líchigo que es aún peor. Ese quiere que se lo den gratis, sin hacer ningún esfuercito económico. Es el típico que invita un capuchino y dice que se le quedó su billetera, luego saca plata y va a un bar y no le da opción a la mujer de que pida lo que ella toma, simplemente ordena dos cervezas. Si a uno no le gusta la cerveza, pues mejor, porque ellos sin ningún reparo se la toman y luego pagan la cuenta.

El traqueto es todo lo contrario al anterior, ése sí no tiene ningún inconveniente en gastar todo lo que usted pida. De hecho hasta puede mandar a cerrar el bar en el que se encuentren, los centros comerciales, en fin. Con él llevará una vida de lujos, algunos impuestos, bueno…eso depende del gusto que usted tenga.

Lo bueno de él es que es sólo inversión y que usted podrá tener el cuerpo soñado y las pintas adecuadas para lucir toda esta reestructuración a la que fue sometida con él. Lo malo es que, una vez pase de moda, la cambiarán por otra y usted ya será historia.

El borracho es aquel que le mandan saludes de Bavaria y con eso queda listo. Con él hay que tener mucho cuidado porque si están en un bar la puede confundir con otra y chantarle su beso en frente suyo. No se sienta mal si le echa los perros a la más fea, usted sabe que el embellecedor hace de las suyas; si la hace pasar el ridículo, no se preocupe que al día siguiente no se acordará de nada, y todo seguirá igual.  

También están los polluelos que buscan una mujer mayor no por madurez, ni experiencia, pero sí buscando solvencia económica. No está mal, si pagamos por tratamientos rejuvenecedores, éste sería otro de ellos así que por qué no hacerlo.

Pero el peor de todos es el indeciso, que endulza el oído hasta más no poder y, después de lograr su objetivo, se arrepiente y dice: “es que no te quiero hacer daño”. Por lo menos, ese es más decente que el que desaparece sin dar ni siquiera una explicación y nos deja un trauma emocional porque nunca entendimos la razón de dicha desaparición y nos damos látigo por eso. ¿Quién dijo que fue culpa nuestra? Ese es un viejo loco que no supo valorar lo que tuvo al lado (hmm…será)

En fin, creo que no terminaría acá esta clasificación, pero lo cierto es que ‘a cada marrano le llega su Nochebuena’, así que los hay para todos los gustos, entonces dejemos de quejarnos de que hombres no hay y, peor todavía, de que todos son iguales porque para que vean que aquí quedó demostrado que no.